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miércoles, enero 16, 2008

La soledad femenina y la redimensión del amor

Tomado de Incidencia Democrática, I.DEM
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Correo electrónico: i.dem@i-dem.orghttp://www.i-dem.org
Los documentos podrán ser reproducidos o citados, total o parcialmente,
haciendo referencia a las fuentes y créditos.


La soledad femenina y la redimensión del amor

Por Teresa Díaz Canals

*Teresa Días Canals (1957) es Doctora en Ciencias Filosóficas y miembro de la Cátedra de la Mujer

de la Universidad de la Habana, Cuba.)


"Yo no concibo a quien no tiene necesidad

necesidad de nada pueda amar algo y no

concibo que quien no ame nada pueda ser feliz"

Jean Jacques Rousseau Emilio


La soledad como un tormento

Confieso que después de los trágicos acontecimientos del World Trade Center, dudé de la significación que pudieran tener estas ideas. Ante la posibilidad de un final volatilizador ya nada tendría sentido. Asistimos impotentes a una incomunicación cada vez más frecuente vestida de racismo, intolerancia e insolidaridad. Gracias al espíritu utópico que siempre ha acompañado a muchos seres humanos es que decidí terminar el trabajo, tal vez influenciada por las palabras martianas: "...cuando se serene este mar, puede asegurarse que las estrellas quedarán más cerca de la tierra". Entonces pensé que el tema de la soledad en general, de alguna manera está vinculado a los grandes desafíos globales. Tratar, pues, la soledad femenina es adentrarnos en uno de los tantos vericuetos del gran problema. Es posible que sirvan estas reflexiones para cuando se serene el mar.

A todo lo anterior agregaría, amén de circunstancias externas, el hecho de la traición de la propia escritura, ella nunca logra aprisionar enteramente todo lo que intentamos expresar. No obstante, a pesar de los inconvenientes, retomo un tema quizá intrascendente para algunos, cotidiano, solo como pretexto. Siempre con el fin de que ustedes también participen en su creación, pues tan autor es el que escribe como el que escucha o lee. Tengo la certeza de que el asunto abordado constituye una de las posibilidades infinitas. Lo imposible, cuando actúa sobre lo posible engendra un posible en lo infinito.[1]

La paradoja de cualquier ser humano es que -a pesar de constituir un ser intrínsicamente social- de alguna manera se siente invadido por el sentimiento de soledad, al menos en algún momento de su vida.

Cuando hablamos de ese sentimiento no se trata de una situación objetiva de verse privado de compañía externa, nos referimos a una sensación interna, a la sensación de estar solos sean cuales fueren las circunstancias, de sentirse solo(a) incluso cuando se está rodeado de personas. Sin embargo, existen considerables diferencias individuales en la manera en que se experimenta la soledad.[2] En la tragedia "Edipo en colono" Sófocles pone en boca de Creonte las siguientes palabras: a mí la soledad... me hace débil.[3]

Soledad de gente sin pareja como sentimiento excesivo, hasta vergonzoso, de personas para las cuales da la sensación que el día es más largo que para los demás, porque son vacíos y los momentos van aumentando sin llegar a dividirse posteriormente entre los hijos. También está la idea de P. Valery: Cuando estamos solos estamos siempre en mala compañía.

Llega hasta nuestros días la imagen de una mujer cabeza de familia como sinónimo de desgracia, de pobreza, episodio de una vida poco deseable. Es bastante difícil -a estas alturas- concebir que una persona debido a su nacimiento tenga necesariamente que estar atada a un destino y a determinadas tareas, sean deseables o no, aunque estamos conscientes de que ese es el caso de muchos seres humanos todavía.

En "Martes con mi viejo profesor. Una lección de la vida, de la muerte y del amor" Mitch Albon, el autor, relata la concepción de su maestro sobre el matrimonio:

"...Tener una persona amada es muy importante. Te das cuenta de eso sobre todo cuando estás pasando una época como yo, cuando no estás muy bien. Los amigos son estupendos, pero los amigos no van a estar aquí por la noche cuando estás tosiendo y no puedes dormir y alguien tiene que pasarse la noche en vela a tu lado, animarte, serte útil"[4]

Lo que pasa es que cuando generalmente estos momentos difíciles pasan, hay un sedimento sentimental (o debe haber) en esta ayuda que se otorga la pareja. Recuerdo que hace un tiempo tocó a mi puerta un antiguo compañero de estudios. El motivo de la visita era preguntar por una amiga común, pues él se había separado de su esposa y "necesitaba una mujer que lo atendiera", según me expresó. Al responder que mi amiga seguía casada y muy feliz en ese sentido, me preguntó: ¿Y tú? Es decir, a falta de pan, casabe. Daba lo mismo una que otra. Operación semejante a comprarse un par de zapatos, si no tiene unos, entonces recurre a otros. Asimismo, un dominicano expresó: "Si a mí me hubiera gustado fregar, no me hubiera casado"[5] Todo muy pragmático, demasiado utilitario, excesivamente calculador. García Márquez hubiera preguntado: ¿Y donde está el susto del amor?

El maniqueísmo está reflejado en la sociedad o al menos en la lectura que hacemos de ella. El bien y el mal lo encontramos constantemente en cualquier parte. Tomando en cuenta que no siempre podemos delimitar de forma drástica lo que es bueno y malo en términos absolutos, muchas veces no concientizamos que hay ciertos fragmentos de la realidad un tanto irracionales, un tanto irrepresentables, un tanto ambiguos.

Tal vez esta idea se pueda expresar mejor parafraseando a un poeta: Oh soledad! Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Contigo porque me matas y sin ti porque me muero.

El patrón cultural concebido por la especie humana respecto a la conjunción sexual lleva implícito la idea de complementariedad. Necesitamos al otro para poder ser, imagen que perseguimos atormentados por el afán de restitución de la completud perdida, de la totalidad.[6]

Recientemente la Cátedra Antonio Gramsci del Centro Juan Marinello publicó un libro de un evento celebrado en 1999 acerca de Rosa Luxemburgo. En el mismo aparece una ponencia del profesor y amigo Jorge Luis Acanda titulada "Aprender a pensar de otro modo" donde señala una idea de Rosa sobre la libertad que es la siguiente: "La libertad no puede nunca ser otra cosa que libertad para pensar de otra manera"[7], planteando así un postulado ético-cultural que personalmente lo extiendo también a la esfera de la subjetividad femenina en el que la mujer como sujeto social debe tener un papel activo y libertario dentro de un proyecto humanista. Cita además Acanda una idea de Alfredo Guevara acerca de la herejía revolucionaria, entendida esta como una actitud ante la vida, una actitud de búsqueda, de inconformidad con lo que se tiene ante los ojos, como voluntad de perfeccionamiento o de descubrimiento de otros planos de la vida y del pensamiento.[8]

Esta reflexión también la incorporé al espíritu que marca mi trabajo, pues ella me dio tranquilidad para ser herética o disconforme con una mentalidad criolla que reproduce estereotipos y costumbres condenadas por el devenir de la sociedad.

¿Por qué tenemos que aceptar que una mujer "sola" sea un ser incompleto, anormal, infeliz, pobrecita? En muchas ocasiones, las propias mujeres buscan desesperadamente y a cualquier precio la completud, para no sentirse calificadas y autocalificadas peyorativamente. En una novela de Marcela Serrano se expresa: Lo que sí sabía era el terror de quedarme sin él. Terror, terror. Prefería cualquier humillación a que me abandonara. Es que sencillamente ya no podía existir al margen de él.[9]

La cuestión radica en que socialmente una mujer "sola" no está legitimada, la misma cultura patriarcal formó un pensamiento general que se transmite de generación en generación. Lo patriarcal implica la deslegitimación a existir independiente, a ser de la mujer.

En una sección del periódico Juventud Rebelde: "Tres del Domingo", dedicada a brindar noticias curiosas, anécdotas interesantes y a veces ridículas, salió publicada recientemente una noticia acerca de una mujer sola, con el título Por cuenta propia:

"Una dama dominicana de treinta y cinco años, dispuesta a recuperar lo perdido, publicó un anuncio en un espacio de carácter personal de un periódico local para contratar... un embarazo. Según la nota, la mujer en cuestión aseguraba: "Recientemente enterré a mi madre, estoy sola en el mundo y siento un vacío muy grande en el alma, no tengo una pareja pero más que nada en el mundo quisiera tener un hijo que me dé una razón para seguir viviendo", y a continuación venía el colofón del llamado: "Pagaré por el servicio"[10]

No veo algo que pueda promover una sonrisa siquiera en dicha noticia, ¿qué tiene de gancho periodístico que un ser humano esté tratando de luchar contra su propia soledad?

El hecho de ser un obrero no significa que el mismo tenga conciencia automáticamente de su clase, el hecho de ser un negro no significa tener conciencia de su condición de raza, el hecho de ser mujer no significa tener conciencia de ser mujer. De lo que se trata es de leer e interpretar el mundo con ojos de mujer.

Simone de Beauvoir comentó en una ocasión la cantidad de veces que le preguntaron si no pensaba ser madre y si no se sentía mal por no procrear. Sin embargo, esa misma pregunta jamás se la hicieron a Sartre. Esta escritora francesa admiraba el silencio como modo de reflejar la desesperación humana. Decidió esgrimir su palabra para que fuera escuchada. Combinó la biblioteca con cafetines y garitos buscando universalidad, además, nunca pretendió ser un espíritu puro. ¿Cómo fue la pareja que Beauvoir toleró? La postura moral concebida fue la de vivir con su pareja en casas separadas, obras separadas. Relación regulada a través de una especial soledad con el espíritu de proteger la libertad individual. Así llegó a ser filósofa, ensayista, novelista y además mujer, no poniendo en entredicho a lo masculino.

En un trabajo acerca de cincuenta y dos mujeres que se negaron a parir todas manifestaron sentirse estigmatizadas por esta impopular decisión. El estereotipo negativo de una mujer que rechace tener descendencia incluía rasgos desfavorables como los de ser egoísta, inmoral, inmadura, no feliz.[11]

¿Por qué una mujer no tiene derecho a sentirse excepcionada con relación a los demás? No me refiero de ninguna manera a la soledad entendida como incomunicación, digamos, tomando una idea lezamiana, qué mejor sensación que un diálogo para no sentirnos invadidos por la fragmentaria vulgaridad de las cosas que comemos.[12]

En los siglos XVIII y XIX se perfila con intensidad lo que Michel Foucault llamó la sociedad confesante. El discurso sobre el sexo hasta nuestros días es una dimensión que hasta cierto punto protege la supuesta legitimidad de los matrimonios. Si por cualquier razón la mujer no vive de acuerdo a los parámetros sociales establecidos, corre el riesgo de no permitírsele el placer de tocar el piano a las 3:00 de la mañana. Lo más probable es que caiga bajo las redes del demonio de un laberinto menor. Porque rebelarse contra cientos de años de un pensamiento "normal" implica sufrimiento y porque ello además es sujeto actuante de esa mentalidad encasillada que busca la otra mitad muchas veces escondida en la sombra.

La socióloga Jessie Bernard, quien escribió The Future of Marriage (1982) desconstruyó en su libro la institución del matrimonio. Destaca cómo culturalmente el matrimonio es idealizado como el destino y la fuente de realización de las mujeres. No me inclino a creer, por la situación económica en Cuba, que una mujer no casada no sufra de stress (habría que analizar las circunstancias individuales y ver las alternativas de vida de cada una). No obstante, son interesantes los datos que ofrecen los sociólogos en EEUU al medir el stress humano: mujeres casadas y hombres no casados se destacan por un alto indicador de stress (palpitaciones del corazón, mareos, dolores de cabeza, pesadillas, insomnio, temor a las crisis nerviosas); las mujeres no casadas y hombres casados puntuaban bajo en los indicadores de stress.[13] Además de ello, es necesario tener en cuenta el nivel de aceptación de una cultura que empobrece e infravalora la posición independiente de la mujer y, por tanto, disminuye su autoestima al encontrarse sola, lo que generaría también un stress de otro tipo al de la mujer casada.

Uno de los cánones morales por los que se rige todavía la sociedad cubana es el otorgamiento de estima a las personas sobre la base de la evidencia. Así como un joven para demostrar su hombría muchas veces tiene que exhibirse con una mujer o tomar ron, la mujer necesita legitimarse socialmente mostrando su pareja. Constituye una especie de representación teatral, donde el espectador no quiere que caiga el telón y, por lo tanto, "volver a la realidad", mediante esa especie de simulacro inconsciente se mantiene levantado el telón y "transportado a otro mundo".

Una transgresora decimonónica, Gertrudis Gómez de Avellaneda expresó: "Solo veo deshonra donde hay mentira y codicia" Doña Tula, quien fue mucha mujer, calumniada por interpretaciones prejuiciosas, malos entendidos, ruindad moral de algunos, limitada visión de otros, siguió tal vez el imperativo pindárico: "Llega a ser el que eres" al considerar como único deber la fidelidad a ella misma. Sin embargo, ver claro en lo oscuro significa no dañarse jamás, todo aquel que vea oscuro en lo claro, nunca llegará a tener misterio sexual, haga lo que haga.[14]

La certeza de otras soledades

La preocupación generalizada por la completud perdida parece diseminarse en el caso de la mujer en lo más importante. Es que esto de la soledad también es una elección o no elección e incluso una imposibilidad de elección, por diversas causas. Es una cuestión que se inserta en el respeto al otro a pesar de todo. Pero en Cuba obviamos en ocasiones otras situaciones que nos dejan entrever otro tipo de soledades:

La soledad geográfica de la insularidad que nos hace cautivos de las rocas y del mar. La monotonía del tiempo isleño, la futilidad de la vida cotidiana constreñida por el agua, donde la sal - como a los metales - va borrando los perfiles.

La soledad de los engañados y estafados. Corrupción larvaria como estrategia de sobrevivencia donde lo mismo te adulteran la cerveza que te vas a tomar, que te venden un Café Cubita imaginario o un queso con arena. Maltrato cotidiano desmedido, provocador de una especie de insilio a la manera de Julián del Casal.[15] Muchas son las formas enajenantes que utilizamos algunos cubanos, que requerirían de una investigación sociológica. Cito una que es la de volar lejos de los demás, tal vez porque sentir que una está en la realidad es convertirse en un náufrago que está esperando en una Isla perdida la gran ola que te lleve a algún lugar de pertenencia. Lo mejor se convierte entonces en un "sueño eterno" que no es más que pasarse la vida soñando la realidad.

La soledad de la ausencia, que es la de la emigración y, por tanto, la soledad del retrato que te recuerda día a día seres que posiblemente ya no son. Esa soledad de los que no acaban de encontrar su lugar en el mundo. De un correo anónimo con título Forjando el puente tomé unas reflexiones de una cubana emigrada:

"Cuarenta años más tarde sigo sin pertenecer... Tanto cuando visito a Cuba como cuando visito a Miami, sé que estoy de "visita" en un planeta que no es el mío y el mío tiene que estar en una galaxia desconocida. Aunque en Cuba me siento mucho más cómoda que en Miami, allá como acá soy "extranjera". Invariablemente me siento "apartada" y "fuera de serie" cuando tengo contacto con gente que tiene en común con su agrupación inmediata continuidad de creencias y vivencias a las cuales yo no pertenezco. Y para recalcar la cosa, en Cuba demasiada gente me asocia con la "gusanería de Miami" y en Miami muchos me califican como "comunista" por tener criterios que no encajan con el dogma extremo que destaca a esa comunidad".

La soledad del dinero.

Como consecuencia de esa soledad anterior, tenemos también la utilización de las personas en tanto instrumentos; "Hay gentes -dice Epicteto- que prefieren presentar el vaso de noche a un amo a morir de hambre; los hay también que no podrían soportarlo: examina lo que vales"[16] Aquí me detendría a escuchar el consejo de Nietzsche: ¡No juzguéis! Cada una es una y sus circunstancias. La práctica es siempre demasiado compleja - nos dice Victoria Camps - para que pueda atender exclusivamente a puros imperativos morales[17]. En este terreno lo más importante es la defensa de determinados postulados éticos que sustentan, en última instancia, la no prostitución del alma, aunque para nada es sinónimo de la afirmación de que todo vale en ética.

La soledad de la unión por puro sexo. Esta sexualidad que no llena ningún vacío. Sexualidad que debe ser manifestación de un ser realizado y que se trastoca en otra interrogante: ¿Qué hago yo aquí, en esta cama, con este hombre? Es preferible decir con Stendhal: "Creo que es preferible la ensoñación a todo lo demás" para que el disfraz no se convierta en piel, para que la máscara no llegue a significar la propia ausencia de rostro.

La soledad como un derecho

La solución de ese deseo de completud al que nos referimos anteriormente, tal vez esté en que tal como aceptamos lo que aparentemente es bueno y malo debamos reconocer que la incompletud es inherente también a la condición humana, la desconstrucción, por tanto, del esquema de aspiración de completud nos permitiría la edificación de nuevos moldes de integración desde la propia incompletud.

Fernando Pessoa reclama el derecho a la soledad en uno de sus poemas:

¡No me fastidiéis, por amor de Dios!

¿Me queríais casado, fútil, cotidiano y tributable?

¿Me queríais todo lo contrario, lo contrario de lo que sea?

Si fuese otra persona, os daría gusto a todos,

Así, como soy, ¡tenéis que aguantaros!

¡Idos al diablo sin mí!

¿Por qué habíamos de irnos juntos?

¡No me cojáis del brazo!

No me gustan que me cojan del brazo. Quiero ser solo.

¡Ya he dicho que soy solo!

¡Dejadme en paz! No tardo, que yo nunca tardo...

¡Y mientras tarda el Abismo y el Silencio quiero estar solo![18]

La identidad se perfila siempre desde horizontes que implican un mundo social determinado. Cada uno es lo que los otros consideran, en un proceso dialéctico de autoidentificación e identificación. Desde pequeño, el individuo aprende que él es lo que lo llaman.

Esa abstracción de roles y actitudes se denomina el otro generalizado. Con otras palabras, la actitud del otro generalizado - según George Herbert Mead - es la actitud de toda la comunidad. Precisamente a través de dicho "otro generalizado", la comunidad ejerce control sobre la conducta de sus miembros individuales.[19] Claro que no existe una total simetría entre la realidad objetiva y la esfera subjetiva del ser humano, se nos presenta como una relación no estática y definitiva, como un acto de equilibrio permanente.

¿Es posible la sobrevivencia cuando la experiencia de determinada persona no coincide exactamente con las tipificaciones sociales establecidas? De entrada diría que sí, de hecho las mujeres sobreviven, pero no es lo mismo sobrevivir a vivir. En la vida cotidiana se produce una especie de bifurcación, una línea divisoria entre la experiencia personal vivida y esos tipos sociales. Unas aceptan esa conciencia bifurcada y otras terminan por negar la validez de su propia experiencia.

Los sociólogos denominan a la desintegración o desmantelamiento de la estructura de la realidad subjetiva alternación[20] Ejemplos de alternación son la conversión religiosa, las conocidas técnicas de "lavado de cerebro", la psicoterapia, entre otros.

Pensando en este mismo sentido, tal vez la construcción de la realidad femenina desde lo subjetivo pueda transformarse también a partir de dicha alternación, pues las transformaciones económicas, políticas, sociales, jurídicas, no han resultado ser suficientes si no se dan junto a ellas cambios de tipo cultural que reviertan la subjetividad femenina y la mirada del otro.

En el caso cubano la palabra del otro tiene una connotación especial. No por gusto las cuentas de teléfono no se acaban de adaptar al nuevo tiempo del metrado. En el barrio, en el trabajo, las reuniones, los barrios, las colas, las palabras, siempre las palabras. No obstante, esa inclinación a hablar, a ese lleva y trae, a las murmuraciones, también están - unas veces para bien y otras para mal - los silencios del cubano. Sobre esta cuestión del silencio merece la pena detenernos. Es necesario deslindar al menos dos vertientes del silencio. Uno que correspondería al que guardaron María Antonieta en vísperas de su ejecución y Sor Juana Inés de la Cruz ante sus censores, como expresión de un dolor inexpresable donde se siente la inutilidad de las palabras y del llanto. Otro sería la "conspiración del silencio" que es otra cuestión diferente. A modo de ejemplo podemos citar la tragedia de Edipo Rey. Alrededor del protagonista se tejió dicha confabulación. El pastor calla cuando salva al niño, cuando reconoce en Edipo al asesino del rey, cuando opta por retirarse al campo, hay conjuración en Tiresias, que con su sabiduría de adivino conoce quien es el asesino de Layo y permite que este se case con Yocasta, a la que sabe madre de Edipo. La hay en los reyes de Corinto, cuando no dicen a Edipo que es su hijo adoptivo y permiten con ello que vaya a Tebas, a dar cumplimiento al destino decretado por el oráculo de Apolo. En algunas ocasiones, al optar por el silencio, estamos conspirando.

El concepto de "vida privada" encierra, entre otras cosas, una serie de significados que debemos asimilar desde el punto de vista cultural: creación, lectura, secreto, encuentro pausado con amigos. Porque un sujeto, ya sea hombre o mujer, que niega la individualidad necesariamente invade la privacidad de todos los que le rodean, de sus hijos, de su compañero(a), de sus hermanos...

El cultivo de sí, es decir, cuidar ese espacio que no tiene para nada que ver con el espacio doméstico, procura en definitiva las condiciones para recrear la privacidad. Charlotte Bronte presenta en su obra Villette a la heroína Lucy Snowe, la cual está libre y sola. Ella deberá escoger entre el amor y la libertad y se decide por su individualidad, a expensas de la sexualidad. Automáticamente el lector se apresurará probablemente a condenar esta actitud, a juzgarla como un ser "amargado". Ahora bien, el mensaje de la Bronte es destacar que Lucy no hubiera sido libre en compañía de los hombres de su entorno social. Por lo tanto, no había para Lucy otro camino, tal como no lo había para las propias hermanas Bronte.

No obstante lo antes señalado, encontramos como en determinadas observaciones clínicas, realizadas en los años sesenta en EEUU, demostraron que el "espacio íntimo" es, en el caso de las mujeres, la causa fundamental de su desilusión, mujer abandonada es sinónimo de quedarse vacía.[21]

Encontrar esa habitación con un pestillo en la puerta a la que se refería Virginia Woolf, es la vía para poder abrirnos un espacio permanente en el mundo de las ideas, en el auténtico respeto, para poder encontrar la libertad intelectual. Es más importante ser una misma a través de estas condiciones. Y en esa habitación cerrada escribir es una forma de sociabilidad en el sentido simmeliano[22] Conversar escribiendo es la realización de una relación que no pretende ser otra cosa que una relación, forma de interacción con un contenido autosuficiente, una manera sublimada y pura de comunicación.

Coincidimos con el feminismo que proclama la necesidad de que cada individuo pueda elegir el modo de vida que más le convenga y que se respete y acepte esa elección, ya sea ama o amo de casa, profesional no casado o miembro de una familia de doble ingreso, con niños o sin ellos, heterosexual u homosexual. Es en esa reflexión anterior donde se encuentra el fondo cívico de esta problemática.

Por otra parte, hay un planteo de Celia Amorós en correspondencia con lo que queremos subrayar: una auténtica ética feminista no significa para nada una ética de mujeres la cual proclama solamente los valores femeninos, sino denota una disconformidad con la cultura patriarcal -que es otra cosa- capaz de desplegar un discurso universalizable. Dicha cultura patriarcal genera una sicología femenina alienada, un discurso de sí misma oprimido e instalado en la "otredad".

¿Cuál será, Dios mío, la mayor de las soledades?

La nostalgia inmensa que produce la muerte de un ser amado. El recuerdo de esa persona estará presente de alguna manera. Esa soledad entonces, no es la más grande de las soledades.

La soledad resultado de un amor imposible como el de Gertrudis Gómez de Avellaneda hacia Ignacio Cepeda o el de Juana Borrero hacia Julián del Casal.

Los momentos de soledad de quien se tira al mar y flota sin rumbo (o con uno...) a la espera de un milagro que cumpla su sueño eterno.

La soledad inenarrable del poeta José María Heredia, cuando en el exilio extrañaba a su madre y a su patria, como símbolo de la melancolía de los cubanos lejos de su patria en todos los tiempos.

La soledad experimentada como libertad (a la manera de Simone de Beauvoir). Sin testigo, sin interlocutor, como rechazo de la injerencia de los demás. Un modo diferente de entender la feminidad, un eterno comenzar para alcanzar la trascendencia. Soledad en tanto libertad como esencia humana que divaga entre el riesgo y la aventura, buscando una oportunidad.

No, Señor, esas no son las más grandes de las soledades. La más grande de las soledades es la persona que no ama.

Es solo en el devenir donde se preservan los seres. El cambio significa renacimiento, oportunidad, pero de ninguna manera catástrofe. Comparto la mirada que brinda Liliana Mizrahi acerca de la soledad con el planteamiento que hace en lo que ella llama la ética de la lucidez. Este sentimiento de esta forma concebido ya no es sinónimo de abandono, vacío, deterioro, marginalidad, carencia, muerte social, sino que también esa soledad puede ser transformada en espacio fecundo, donde se redimensione el amor, de esta manera la soledad se transfigura.[23]

La vida sin amor es algo para resistir, no para vivir. Aún el mitológico Narciso requirió de un espejo que le sirviera de sustituto inanimado, a falta de personas que lo amaran. Vivir para sí misma es solo vivir a medias. Lo único que hace a la vida digna de vivirse es la unión del pensamiento y de las obras propias con la de los demás. El amor es una ilusión como toda búsqueda de perfección humana, pero constituye la ilusión más importante y necesaria de cualquier cultura. El ermitaño es una posibilidad que fenece.

Al menos la soledad personal femenina, resultado de un cambio es predecible, manejable, consecuencia de un destino que quizá tu misma ayudaste a tejer, por encuentros y desencuentros, elegible porque no estas dispuesta a aceptar a un acompañante permanente de tercera o cuarta categoría. Asimilar en la profundidad es, en definitiva, dar respuesta.

Hubiera querido terminar con una frase rotunda, absoluta, que era la siguiente: A los planificadores de orgasmos ajenos ¡váyanse a la mierda! Al comentarlo, alguien me recordó mi condición de académica, mujer, persona "educada" y algunas cosas más. Entonces, opté por un final más reconfortante:

Hace unos años, en medio de una clase, reprendí a un estudiante un tanto injustamente por no haberse preparado lo suficiente para un seminario. Mi alumno al terminar la actividad se me acercó y me dijo: Usted no se da cuenta profesora, que yo la amo.

La muerte sorprende a los que no vivieron en vida

o no vieron la luz sin manchas

tal cual es.

Ese amor espiritual entre alumno profesora y los versos de mi hijo Julio Antonio, los interpreto como un mensaje de continuidad de otra generación que me hace desvanecer las marcas del pasado, desestimar las tensiones del presente, postergar un tanto los retos del porvenir.


[1] Véase. José Lezama Lima. Diccionario de citas Carmen Berenguer y Víctor Fowler Calzada. Casa Editorial Abril, La Habana, 2000, Pág. 116

[2] Véase...El sentimiento de soledad Melanie Klein Editorial Paidos, Buenos Aires, 1990, Pág. 154

[3] Sófocles Tragedias Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1998, Pág. 364

[4] Albon, Mitch Martes con mi viejo profesor

[5] Véase: Panel Masculinidad y violencia intrafamiliar. Instituto Tecnológico de Santo Domingo, 29 de octubre de 2002. Dr. Angel Pichardo Almonte

[6] Véase... Y Dios creo a la mujer Colectivo de autores Centro Evangelio y Liberación Madrid, 1993, Pág. 34

[7] Véase... Aprender a pensar de otro modo Jorge Luis Acanda en: Rosa Luxemburgo Una rosa roja para el siglo XXI Centro de Investigación y desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2001, Pág. 67

[8] Véase... Jorge Luis Acanda Ob.Cit. pag.77

[9] Serrano, Marcela El albergue de las mujeres tristes Editorial Alfaguara, México, 1997, Pág.83

[10] Periódico Juventud Rebelde 10 de noviembre de 2002 Sección Tres del Domingo: Por cuenta propia, Pág. 7

[11] Véase... La construcción sexual de la realidad Raquel Osborne Ediciones Cátedra, S.A. Madrid, 1993, Pág. 141

[12] Véase... Paradiso José Lezama Lima Ediciones Unión, La Habana, 1966, Pág. 48

[13] Véase ... Teoría Sociológica Contemporánea George Ritzer Editorial Mc Graw Hill, México, 1993, Pág. 374

[14] Véase... José Lezama Lima Ob. Cit.

[15] Véase "Estafa en estuche sellado" René Tamayo León Periódico Juventud Rebelde 27 de octubre de 2002, Pág.5

[16] Véase... Historia de las ideas morales Paul Gille Editorial Partenón, Buenos Aires, 1945

[17] Véase... Paradojas del individualismo Editorial Crítica, Barcelona, 1993, Pág. 69

[18] Pesooa, Fernando Lisbon revisited (1923) En: Mitos Poesía Grijalbo Mondadori, S.A., Madrid, 1998, pág. 59-60

[19] Véase... Self on Society George Herbert Mead EN: La Teoría Sociológica: Naturaleza y Escuelas Don Martindale Editorial Aguilar, Madrid, 1971 Pág. 419

[20] Véase... La construcción social de la realidad Peter L. Berger, Thomas Luckmann. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1998, Pág. 196-198

[21] Véase... Política sexual Kate Millet Ediciones Cátedra, S.A., Madrid, 1995, Pág. 384

[22] El concepto de sociabilidad lo podemos definir como la asociación en sí, el gusto de asociarse, sin restricciones u objetivos prácticos (NA)

[23] Véase. El feminismo como redimensión del amor Azucena Romo En: Estudios de Género Graciela Hierro(comp.) Editorial Torres Asociados, México, 1995, Pág. 55

Teresa Días Canals (1957) es Doctora en Ciencias Filosóficas y miembro de la Cátedra de la Mujer

de la Universidad de la Habana, Cuba.


Tomado de Incidencia Democrática, I.DEM
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Los documentos podrán ser reproducidos o citados, total o parcialmente,
haciendo referencia a las fuentes y créditos.



viernes, enero 11, 2008

Ya retornaron Clara y Consuelo exsecuestradas

Mensaje a la entrega de las secuestradas
Clara Rojas y
Consuelo González
"Ya entregaron a Clara y a Consuelo. Vale la pena mantener nuestra esperanza y
nuestra acción solidaria.
SALUD
Norma Lú B.

Violencia hacia las mujeres: los nuevos temas de la agenda feminista



En las últimas décadas tuvieron lugar importantes cambios en cuanto a las respuestas sociales frente a las situaciones de violencia que padecen las mujeres. Se pasó de un silencio total a un discurso crítico y a un compromiso por parte de los Estados que se reflejó en políticas públicas específicas. Sin embargo, si bien hoy hay una creciente conciencia social sobre la gravedad y magnitud de la violencia hacia las mujeres, la violencia persiste y un mundo sin violencia es algo ‘no dicho todavía’, para usar una expresión de Susan Griffin*.

Las actrices sociales más importantes en la construcción y desarrollo de estrategias y políticas antiviolencia fueron en primer lugar las organizaciones feministas; en segundo lugar los Estados y las Organizaciones internacionales.

En Argentina, las primeras acciones fueron acciones de pequeños colectivos de mujeres fundamental y fundacionalmente feministas. Mucho de lo que tenemos hoy, -en cuanto a conceptualizaciones, en cuanto a metodologías de intervención y más aún, en cuanto a casuística, datos, investigaciones, etc-, es producto en gran medida del trabajo feminista. Pero los objetivos, las estrategias de los `80 no son iguales a los actuales como tampoco son iguales las condiciones de los `80, los `90 o el presente.

Los primeros temas en agenda fueron la violencia doméstica y la violencia sexual. Aunque en los `80 las organizaciones feministas no separaban la lucha contra la violencia de otras reivindicaciones.

Los 8 de marzo de los primeros años de democracia en Argentina, en Plaza Congreso, reunían entre 3000 y 4000 mujeres levantando consignas tales como “violación es tortura” y otras reivindicaciones como la ley de divorcio, la patria potestad indistinta y la despenalización del aborto.

En 1983 una coalición de organizaciones feministas organizó el Tribunal contra la violencia, que por primera vez lanzó la consigna “La violencia contra las mujeres es una cuestión política”. En un volante utilizado en una de las campañas de ese año se puede leer: “La violencia sexual es solo el aspecto más espectacular de una violencia que se repite continuamente, bajo todas las formas. La violencia contra la mujer es una cuestión política. Es un proceso conciente de terrorismo sexual, que acompaña el ejercicio del poder patriarcal”.

El discurso feminista hablaba de opresión y de patriarcado. También se hablaba de libertad, de liberación. 1
Primaban los enfoques feministas, por lo tanto la denuncia de la violencia era una crítica a los discursos dominantes, y se trató de que se la viera como un problema de desigualdad, de injusticia, de ciudadanía. La violencia estaba presente pero no como único tema.
Hacia fines de los `80 y los primeros años de los `90 los dos temas sobre los que se centró la intervención feminista y de las organizaciones de mujeres fueron la violencia doméstica y las violaciones. Resultado de esas luchas y de la particular dinámica que se produjo entre el movimiento de mujeres y el Estado, son las leyes contra la violencia familiar (la violencia doméstica fue retomada por el Estado como violencia familiar), los programas de asistencia a víctimas de maltrato (a nivel municipal, o en algunos hospitales), la reforma del Código Penal con relación a los delitos sexuales y algunas políticas públicas incipientes en relación a la atención de las violaciones.

Principales reivindicaciones actuales

A fines de la década del `90 las organizaciones feministas comienzan a desarrollar acciones concretas y campañas sistemáticas de denuncia de otras formas de la violencia hacia las mujeres: fundamentalmente la prostitución, la trata y los femicidios de mujeres.
Ejemplifico este punto con la campaña Globalización y nuevas formas de violencia hacia las mujeres** que introduce la articulación entre violencia de género y procesos macro económicos.

El concepto sobre el que se construye la campaña es que:

La globalización no es la causa de la violencia sexista, pero el incremento de la inequidad entre varones y mujeres, el incremento de las brechas entre el Norte y el Sur y entre ricos y pobres, son parte de los contextos que generan más coacción en la vida cotidiana de las mujeres, y por tanto, las hace más vulnerables a ella.
La consigna central es:
No más violencia hacia las mujeres. En el ámbito público o privado. En la guerra o en la paz. En el Norte o en el Sur.
Utiliza imágenes que incluyen sectores del cuerpo connotados sexualmente mostrando diferentes conflictos a través de recursos gráficos.
Prostitución

En el caso concreto de este imagen, lo que se pretende es dar cuenta que los cuerpos sexuados de las mujeres son el punto de cruce entre la explotación sexual y la explotación económica.
El billete se superpone a las caderas de una mujer. El billete superpuesto permite identificar la zona de las caderas femeninas como soporte, como base. La textura del dinero como la de la porción de cuerpo que se logra reconocer en el marco elegido, superpone lo económico y lo sexual en un único plano conceptual, al cuerpo comprado y al cuerpo vendido. Los dos temas negocian en la imagen. Los colores refuerzan la idea de la mezcla ambigua entre el verde del billete y el color de la piel. La imagen se funde con el color negro del margen, de manera que produce un efecto más dramático y confuso.

Feminicidios

En este caso, el impacto es diferente, ya que se ha utilizado un corte neto e impecable en un plano gráfico irreal y aunque no aparece la sangre, se muestra la herida, la ruptura, el daño. El fondo blanco contrasta con el filo del cuchillo doméstico, convertido en un arma peligrosa y fría, que se opone dramáticamente a la sensualidad y el calor del rojo de los labios. El resultado de separar la boca de otras partes del cuerpo, acentúa el vértigo que da la verticalidad del objeto masculino que cae sobre la horizontalidad de los labios femeninos.

No a la guerra
En cuanto al tema de la guerra, se eligió no intervenir sobre el cuerpo de mujer. El objetivo apunta a lograr un impacto en otro lugar. Sobre una textura que remite a la imagen belicosa de los uniformes camuflados, se ve un arma de fuego
atravesando el plano de modo diagonal y omnipresente, en el mismo sentido de la lectura, lo que la torna más dinámica. Una vez disparada el arma se transforma en falo. Se pretende enfatizar la diferencia y el abuso de fuerza, ya que la víctima no aparece, y cede su lugar a la amenaza mortal y exclusivamente masculina.

No a la impunidad
Se ha trabajado la idea de fertilidad y de creación, de simiente y unión. La utilización de dos colores es por lo tanto deliberada, para continuar con el espíritu y el carácter de la campaña. Este registro estético permite orientar la mirada hacia un horizonte de esperanza.

Feminicidios
Habrá quienes se pregunten porqué introducir un concepto nuevo. Porque hay realidades que merecen ser nombradas. Como dice la autora argentina Griselda Gambaro:
“Si el crimen no se nombra es menos crimen porque la palabra es el primer testigo incómodo.”
La mayor parte de los femicidios son crímenes sexuales. Voy a dar un dato estadístico concreto de nuestro país: el 70 % de los homicidios cometidos durante un período de 7 años en provincia de Buenos Aires, entre 1997 y 2003***, período sobre el que hemos realizado un estudio, han tenido como autores a parejas o ex parejas. Las cifras comparadas con las de otros países son altísimas: en esos 7 años fueron asesinadas 1282 mujeres, lo que corresponde a un promedio de aproximadamente 180 por año. Una mujer asesinada cada dos días en una provincia de unos 10 millones de habitantes. España que tiene una campaña permanente contra los femicidios íntimos, y que tiene 45 millones de habitantes alcanza una estadística de 70 homicidios anuales.

Retomo la cuestión conceptual y la idea de que los femicidios están ligados a la violencia de género, o como dicen diversas autoras, entre ellas Diane Russel, femicidio es una de las formas más cruentas de la violencia hacia las mujeres. Los femicidos tienen la misma matriz que otras violencias de género; más aún, es
efecto /culminación/ intensificación/ un paso de un proceso in crescendo de una violencia existente, en la mayoría de los casos.

Creo que de los planteos iniciales de los 80, pasando por lo sucedido en los 90 hoy estamos viviendo una etapa de re politización de la violencia. Hay una preocupación por que la sociedad reconozca la amplitud de prácticas de violencia, hay preocupación por no limitar la intervención a la reducción de los daños, centrada solamente en las víctimas, hay una preocupación por no revictimizar, por mostrar que las víctimas no son pasivas, que resisten la violencia, por hacer visibles a los victimarios y encontrar políticas efectivas. Enfrentamos/ criticamos los mensajes dominantes, que banalizan ciertas formas, jerarquizan ciertas prácticas y a otras no las ven.

También tenemos que enfrentar la idea todavía muy fuerte de que las violencias hacia las mujeres son menos graves que otras violencias sociales. Tenemos que insistir que no son situaciones excepcionales sino prácticas rutinarias, toleradas, minimizadas. Y si bien durante años tuvimos que esforzarnos porque se reconociera la victimización de las mujeres, creo que hoy la tarea es insistir en la responsabilizar a los varones. En síntesis creo que muchas estamos en una línea de enfrentar la visión fragmentada de la violencia hacia las mujeres, que es la visión patriarcal y sostener una concepción que muestra la raíz estructural de la violencia de género, y su carácter sexista y sexuado; la profunda articulación entre las distintas manifestaciones y frente a la cual las respuestas tienen que ser amplias, integrales, ubicándola como un tema de ciudadanía y de democracia.

* Susan Griffin, Lo no dicho todavía, en Travesías Nº 6: Feminismos en los noventa. Cambios y rupturas. Ediciones CECYM, Buenos Aires 1997.

** Esta campaña fue realizada por CECYM en 2005 y difundida en francés, portugués y español. www.cecym.org.ar

*** Chejter, S. Kohan, Jimena y Susana Cisneros, Femicidios e Impunidad, Ediciones CECYM; 2005.

Los significados del femicidio

Publicada em: 27/11/2007 às 09:15
Artículos y papers

Los significados del femicidio

Según estimaciones de la Cámara de Diputados de México, tres de cada cinco mujeres son objeto de actos de violencia en algún momento de su vida. A su vez, reportes del Instituto Nacional de las Mujeres indican que tan sólo durante 2006, 49 por ciento de los homicidios contra mujeres mexicanas ocurrió a manos de sus parejas.

La violencia femicida está extendida por todo el país. A los casos de Ciudad Juárez —alrededor de 500 asesinatos desde 1993— que han merecido atención internacional y la creación de una fiscalía y una comisión gubernamental especial, se suman los casos de mujeres asesinadas en el Estado de México (colindante con la capital y uno de los territorios más densamente poblados del país). Según un informe de la Cámara de Diputados, más del 25 por ciento de los asesinatos de mujeres mexicanas se cometen en localidades de ese Estado.

Estos antecedentes dieron pie a los legisladores para aprobar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que entró en vigor en febrero de 2007. La nueva ley pretende garantizar la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer, el respeto a su dignidad humana, su libertad y la no discriminación. No obstante, a más de medio año de su publicación, la ley continúa sin un reglamento que guíe su aplicación, pese los plazos legales que obligan al presidente a hacerlo en un lapso no mayor a 90 días.

De acuerdo con la legislación, se entiende por violencia contra las mujeres "cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público". Reconoce que la violencia puede presentarse dentro de los ámbitos familiar, laboral y escolar, en la comunidad en la que viven o puede ser ejercida por parte de las instituciones públicas que deben servir a la ciudadanía. Asimismo, tipifica las formas extremas de violencia como femicidio, en las que está presente no sólo cualquier tipo de acoso, sino una manifiesta misoginia que pueda poner en peligro la vida de la víctima.

En su artículo Aciertos y errores de una ley necesaria, Marisa Belausteguigoitia, directora del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, analiza los alcances de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Aciertos y errores de una ley necesaria

Por Marisa Belausteguigoitia *

El acceso a la justicia es un asunto que ha preocupado a víctimas, activistas, ciudadanía, intelectuales, estudiantes, autoridades. México ocupa uno de los últimos lugares en Latinoamérica y en el mundo, en cuanto a la implementación de un sistema de justicia que sirva, con un sentido mínimo de equidad, a todos sus ciudadanos.

¿Cómo se mejora un sistema de aplicación de justicia? ¿De qué manera podemos involucrarnos no sólo como legisladores y abogados, sino también como ciudadanos? ¿Qué es necesario desarrollar para combatir la violencia, además de leyes?

Es de celebrarse que hace apenas unas semanas (el 2 de febrero) entrara en vigor la Ley general para el acceso a una vida libre de violencia. En la letra podemos decir que contamos con un buen número de leyes que nos acercan a ser concebidos, en el papel, como una nación intercultural y democrática: una Ley Indígena, una Ley de Convivencia y una Ley que protege a las mujeres.

Esta ley no es el primer antecedente legal para combatir la violencia, hace ya 11 años que se aprobó la Ley de Asistencia y Prevención de la Violencia Familiar, entre otras medidas, además de las suscritas en acuerdos internacionales, principalmente el referido al combate a la violencia conocido como Belem do Pará.

Avances para proteger de manera integral

La Cámara no sólo aprobó una ley, sino todo un sistema de prevención, protección, asistencia y erradicación de la violencia contra las mujeres y las niñas, de manera que la ley se presenta en paralelo con un conjunto amplísimo de medidas, definiciones, proyectos y propuestas encaminadas a reducir la violencia que sufren mujeres y niñas a partir de medidas penales, jurídicas, educativas, de uso de medios, de capacitación.

La Ley tiene como objeto establecer la coordinación entre la Federación, las entidades federativas y los municipios para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y acercarlas a una vida que favorezca el desarrollo con bienestar.

Los objetivos más relevantes de la iniciativa son:

-Protección del derecho de mujeres y niñas a una vida libre de violencia.

-Establecimiento de bases para prevención, protección y asistencia de mujeres y niñas.

-Modificación de patrones socioculturales de la ciudadanía y capacitación de órganos de seguridad pública, de procuración y administración de justicia.

-Intervención en medios de comunicación.

-Erradicación de las conductas estereotipadas de hombres y mujeres, así como de quienes están encargados de la aplicación de políticas públicas en la materia.

-Asistencia y atención a víctimas.

-Establecimiento de atención adecuada en refugios públicos.

-Reparación del daño relacionado con la discriminación.

- La omisión por parte de autoridades constituye un delito.

-Establecimiento de mecanismos en materia de educación, de salud y procuración y administración de justicia con el fin de que el Estado garantice la seguridad de las mujeres y las niñas.

La ley también establece categorías y ámbitos de la violencia (intrafamiliar, laboral, comunitaria, institucional, docente), lo cual facilita la diferenciación de los espacios y las formas en las que la violencia es ejercida.

Hasta aquí tenemos claridad del contenido, principios y límites de la ley, no sólo sanciona sino previene y pretende erradicar. El hecho de haber aprobado una ley y un sistema que facilita, promueve, apoya su aplicación es, sin duda, un acierto. Es cuando pasamos al ámbito de las definiciones cuando se presentan algunos problemas.

Definiciones deficientes

Violencia contra las mujeres se entiende en este proyecto de ley como "cualquier acción u omisión, basado en el género que cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público."

La definición es demasiado amplia como para poder ser efectiva y desde luego para poder sustentar una iniciativa de ley que pretende, por un lado identificar con facilidad el acto de violencia y por otro aplicar medidas puntuales, para generar respuestas puntuales que puedan disminuirla. El sufrimiento, particularmente el psicológico de las mujeres y de los hombres y de todo ser humano es parte de la vida y aunque es posible definir qué tipo de sufrimiento se vincula a la discriminación de las mujeres, para diferenciarlo del sufrimiento por el hecho de estar vivas, requeriríamos de otra aproximación a la ley, que la que señala que cualquier tipo de acción u omisión que nos provoque sufrimiento.

El plano de las omisiones complica la definición aún más. El hecho de que "dejar de hacer algo", lesione a una mujer obscurece el problema tan visible y desmedido de la violencia hacia las mujeres. El conjunto de cosas que es posible hacer y dejar de hacer es infinito. Preguntémonos que es lo que puede provocar sufrimiento en una mujer. La lista es interminable, y puede parecerse a lo que podría provocar sufrimiento en un hombre. Debemos preguntarnos qué estrictamente se vincula con su condición de mujer, que la discriminen por serlo, que la humillen por considerarla menor en inteligencia, en capacidad, pero sabemos que esto no es fácil comprobarlo, hay que facilitar a la ley las definiciones que acoten el sufrimiento, la humillación, el maltrato a las mujeres por el sólo hecho de serlo.

¿Qué definición facilitaría la implementación de medidas para suprimirla? ¿cuáles serían los criterios que la sustentarían? Sigamos analizando otras definiciones que complican el entendimiento de los límites de la violencia y lo que la ley podría evitar.

Violencia psicológica: Toda acción u omisión que dañe la estabilidad psicológica, que puede consistir en: negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación, marginación, desamor, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción de la autodeterminación y amenazas, las cuales conlleven a la víctima a la depresión, al aislamiento, a la devaluación de su autotestima e incluso al suicidio.

Si bien podemos reconocer que existan relaciones que llevan a la depresión y al suicidio de mujeres, el hecho que la vinculación a una persona produzca depresión o humillación es difícilmente regulable o inhibible mediante una ley. ¿Cómo medir la celotipia? ¿Cuándo dejan de ser los celos un sentimiento que es normal en el amor? ¿Se puede culpar a alguien por dejar de amar a una mujer y así sumirla en un dolor profundo?

Sin duda requerimos un cambio en lo que se refiere al equilibrio entre hombres y mujeres en la pareja, en el matrimonio, en el trabajo, sin embargo este cambio se refiere más a un proceso largo, profundo y complejo que tiene que ver más con la educación que con una ley. Es más factible pensar en medidas educativas para el desarrollo de la equidad de género en todos los ámbitos de nuestra cultura, que en leyes que obliguen a que no nos dañen.

Infligir dolor al otro, sea hombre o mujer, ha sido uno de las perversiones sociales y sexuales más antigua. Desde la presencia en los niños de agresividad como acto de distinción entre el yo y el otro, como la señala Lacan, hasta la posibilidad entre adultos de dañarse y extraer placer (relaciones sadomasoquistas, las espectaculares y las que muchas parejas aplican sin saberlo), el dolor, el sufrimiento forma parte íntima de nuestras vidas. Al personal del ministerio público que se viera en la obligación de entender y aplicar estas definiciones de violencia, puede serle fácilmente inservible esta definición.

Es en la definición de uno de los asuntos más dolorosos vinculados a la violencia donde hallamos las mayores dificultades, se trata del término de violencia femincida: "Es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y pueden culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres".

El feminicidio parece tener un origen en conductas más allá del crimen, parece empezar en un proceso que se vincula con conductas misóginas. Si esto es así, ¿el considerar a las mujeres inferiores sería al momento feminicido, o un inicio de feminicidio o un componente de él? ¿Cuándo se inician estos asesinatos? Si el feminicidio está conformado por "el conjunto de conductas misóginas," entonces se vincula con comportamiento de una sociedad, en general con acentos machistas, que van desde la misoginia hasta formas afectadas de la cortesía. Es un espectro imposible de acotar y además profundamente confuso.

La ley tiene indudables aciertos. Favorece la investigación, la creación de estadísticas, bases de datos, modelos de capacitación, la intervención en medios de comunicación, la formación de personal vinculada a la procuración de justicia. Es importante, sin embargo, trabajar con más rigor en las definiciones que acotan el tipo de violencia y su significado, con el fin de facilitar el entendimiento de lo que significa la violencia dirigida en particular a las mujeres.

* Directora del Programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México. Publicado en Letra S, Salud, Sexualidad y Sida No. 131, 7 de junio de 2007.