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miércoles, noviembre 26, 2008

Puras Coincidencias

Registro. Por: Fernando Londoño.
Puras coincidencias

Noviembre 26 de 2008
 

Con frecuencia pasa que se dan cita en el tiempo fenómenos que pueden relacionarse, sin que haya entre ellos vínculo. En ese caso, debemos decir que apenas coinciden. Pero ocurre que la faena del intelectual consiste en impedir que esa aparición circunstancial lo tome por asalto, sin reparar en las íntimas alianzas de las cosas.

Nos ha tenido en hondas cavilaciones la súbita simpatía que estamos conquistando en los medios de comunicación anticolombianos de EE.UU. Sin aviso previo vino un fuerte viraje de la gran prensa americana a favor de Colombia y del TLC. Uribe dejó de ser el chico malo, los supuestos asesinatos de sindicalistas perdieron vigencia, los derechos humanos ya no preocupan a la gran prensa de Norteamérica. El Washington Post, Los Angeles Times y nada menos que el New York Times claman porque el Congreso de EE.UU. apruebe el TLC. Y todo eso, sin razón aparente. ¿Qué pasará?

Por pura coincidencia, todo ocurrió cuando el Presidente, el Ministro de Defensa y el Comandante de las Fuerzas Militares pusieron de 'paticas' en la Calle 28 a oficiales y suboficiales del Ejército, conectándolos con la masacre de inocentes jóvenes de Soacha que salieron de su tierra en busca de oportunidades de empleo y fueron dados de baja por nuestras tropas. Una investigación fulminante, de una comisión integrada por un general, dos distinguidas señoritas del Ministerio de Defensa y el Defensor de Derechos Humanos de la Vicepresidencia, de casualidad antiguo guerrillero del EPL, bastó para el milagro. Que no vino solo. Han llovido rayos y centellas contra los oficiales del Ejército, que nunca podrán aspirar al grado de teniente coronel y menos al de general, sino cuando pasen satisfactoriamente la prueba del polígrafo, cuyo manejo estará a cargo de un experto de la extrema izquierda. ¡Son maravillosos con el polígrafo!

La destitución de esos 28 militares trajo consigo la baja del general Mario Montoya, sospechoso de ser la mano dura del Ejército. Su sucesor era de esa misma línea, salvo que llega suficientemente advertido de cómo se harán las operaciones en el futuro. Cuidado inmenso, lleno de toda clase de requisitos formales, compañía de fiscales acuciosos y disparar cuando no hubiere más remedio. En lo posible, nunca.

Otra coincidencia. Desde aquel día, el Ejército no produce una baja ni tiene un combate ni se mueve de sus posiciones. Los soldados han pasado a parecerse a los scouts del buen señor Baden Powell. Las ONG pueden respirar tranquilas. La fiera quedó enjaulada. Y ya se notificó que las bandas emergentes sólo serán combatidas por la Policía. Como para rabiar de entusiasmo.

Siguen las coincidencias. El Gobierno se ablanda en el Congreso y las guerrillas tendrán indemnizaciones enormes, como esas que decreta la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Lo que significará nuevos encarcelamientos de oficiales combatientes, todos culpables de ejecuciones extrajudiciales. Las Farc serán históricamente reivindicadas y Colombia le pedirá perdón al mundo por la guerra sucia con la que las había vencido. Por supuesto que con tres inocentes: el Presidente, el Ministro y el Comandante de las Fuerzas Militares. Los demás, que compren escondederos a peso.

Ya sabemos de lugares en los que las Farc se están haciendo fuertes. Por ahora, llenándose de cocaína y los bolsillos de oro. Luego comprarán armas, coparán territorios y se prepararán para lo mejor. Otras conversaciones como las del Caguán y a discutir en la mesa los perfiles de la Colombia nueva. Esa que merece el aplauso de los demócratas y hasta llamada de Obama a Uribe. Todo es nuevo. Todo es distinto. ¿O será pura coincidencia?

 



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