martes, noviembre 25, 2008

Suprimir la violencia contra las mujeres


Rodrigo Uprimny | 24 Noviembre 2008 - 8:16pm

Por: Elespectador. com
LA CELEBRACIÓN ESTE 25 DE NOVIEMbre del "Día internacional para la erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres" debería recordarnos la gravedad de este fenómeno en América Latina y específicamente en Colombia.
Unos datos sobre su magnitud se encuentran en un reciente trabajo de Viviana Milosavljevic (Estadísticas para la equidad de género. Santiago de Chile: CEPAL, UNIFEM. 2007.) y son alarmantes. En Colombia, el 30% de las mujeres que ha estado casada o en unión libre ha sufrido alguna forma de agresión por parte de su pareja. Esa cifra se eleva a 41% en Perú y a 52% en Bolivia. Esta violencia doméstica contra las mujeres no se limita a los sectores sociales pobres y sin formación académica, como a veces se cree. Ella se presenta en todos los estratos: en Colombia, en los hogares con educación superior, el porcentaje de mujeres agredidas por su pareja llega al 22%. Pero la violencia contra las mujeres no es sólo doméstica; ocurre en otras esferas. Los actores del conflicto armado colombiano han recurrido sistemáticamente a formas de violencia sexual contra las mujeres, como ya lo había señalado la Relatora de Naciones Unidas de violencia contra la mujer en su informe de 2002 sobre Colombia y lo reiteró el reciente Auto 092 de 2008 de la Corte Constitucional. Y sin embargo casi ninguna de las versiones libres de los "paras" ha mencionado esas atrocidades. Tan grave como la extensión de esta violencia es que ésta tiende a ser banalizada e incluso invisibilizada, por la persistencia de inaceptables estereotipos culturales. La agresión contra las mujeres, que es una clara violación a los Derechos Humanos, es vista por muchos como "natural", por una cultura discriminatoria y machista, que sigue siendo muy extendida. Además, como en muchas ocasiones la violencia ocurre en el ámbito doméstico, se suele invocar la intimidad de los hogares para justificar esas agresiones. Hace algunas décadas, en un país de envidiable desarrollo democrático como Inglaterra, el comandante de Scotland Yard se vanagloriaba de que Londres era una ciudad muy pacífica pues había pocos asesinatos y muchos de ellos no eran graves: eran simplemente "casos de maridos que matan a sus mujeres". La impunidad de estos crímenes agrava el panorama: la mayor parte de los casos no son investigados y algunas decisiones judiciales trivializan la violencia contra las mujeres.Un ejemplo triste de esa banalización es el siguiente: la Corte Suprema anuló el 2 de julio de 2008 (Proceso N° 29117) una condena contra un adulto que había tomado a una niña de 9 años en una tienda para "besarla en la boca con introducción de su lengua. Días anteriores, le había cogido los glúteos e igualmente (la había) besado". Esa persona había sido condenada por actos sexuales abusivos, pero la Corte Suprema consideró que su agresión no tenía ninguna connotación sexual que pudiera afectar la integridad o la libertad sexuales de la menor. La Corte anuló entonces la condena pues concluyó que la persona debió haber sido juzgada por injuria por vía de hecho. El agresor quedó libre.Ahora bien, no todo es desalentador. Ha habido logros jurídicos importantes, como la aprobación de normas que buscan erradicar esa violencia, como la reciente Ley 1236 de 2008, que sanciona más severamente el abuso sexual. Pero eso no basta; es necesario que haya una labor de difusión de esas normas, que contribuya a superar la mentalidad patriarcal que legitima aún esas agresiones. La perseverante labor de las organizaciones de mujeres ha sido esencial en este campo; gracias a ella, ahora hay mayor conciencia de que todas las formas de violencia contra la mujer deben ser erradicadas, tanto en la esfera pública como privada. Pero queda mucho camino por andar.* Profesor de la Universidad Nacional y director del Centro de Estudios de Derecho Justicia y Sociedad (www.dejusticia. org [1])
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4 comentarios:

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