lunes, agosto 24, 2009

Las mujeres en contra de la guerra



  Entre líneas  Nacional Agosto 2009

Por: Paola Forero
politóloga, pais852002@yahoo.com

Durante los años noventa en Colombia, las redes feministas y los movimientos sociales de mujeres adquieren mayor visibilidad en la esfera pública protestando contra los actores armados y contra las consecuencias del conflicto en sus vidas. De ahí que sus principales
demandas se basaran en el regreso de sus seres queridos, en el intercambio humanitario y en la negociación entre el Estado y los actores armados.

De esta manera, las mujeres empiezan a movilizarse en defensa de su vida no sólo por el hecho de que hubiese un momento político propicio, sino porque las mujeres se sienten amenazadas y reconocen que deben solidarizarse con las situaciones de otras mujeres. Se empiezan a organizar alrededor de asuntos relacionados con su género especialmente en su papel de madres y esposas, a través de acciones de resistencia que confronten pacífica pero enérgicamente las situaciones que la guerra ha propiciado en sus vidas.
Lemas como No parimos hijos e hijas para la guerra se constituirán en las exigencias, argumentos e instrumentos de acción política para distintos grupos de mujeres en diversas regiones del mundo, como es el caso del movimiento social Ruta Pacífica de las Mujeres, un movimiento que trabaja por la tramitación negociada del conflicto armado en el país y por hacer visibles los efectos de la guerra en la vida diaria.

La participación de este movimiento en el conflicto armado colombiano ha atraído a grandes colectivos de madres y esposas que se resisten a que los suyos vayan a los campos de batalla, a través de la construcción de la identidad Mujeres contra la guerra, del uso de un lenguaje propio, de la deconstrucción de los símbolos que refuerzan la guerra y la exclusión, proponiendo en cambio estrategias de visibilización en marchas, encuentros y plantones, donde se expresan las potencialidades de género para abordar el conflicto armado.

Tras la aparición de movimientos de mujeres como el de la Ruta se identifican nuevas prácticas políticas. Asuntos relacionados con su género como el de la maternidad se transforman para las mujeres en una forma de convertirse en actoras políticas con capacidad de presionar al Estado para exigir que se les reconozca como sujetos con derechos. Como consecuencia de esta nueva forma de actuar de los movimientos de mujeres a favor de la paz, se empiezan a hacer más visibles los actos de violencia cometidos en contra de las mujeres por los actores armados, como por ejemplo los crímenes sobre su cuerpo para degradar al enemigo.

Interesa la reacción de las mujeres, en su papel como madres, porque tiene un efecto que va desde el dominio de lo privado, hasta el dominio de lo público. El hecho de que las mujeres tuvieran que salir a la esfera pública para poder exigir sus derechos constituye una apertura significativa dentro de las prescripciones establecidas para sus acciones. Este activismo y movilización bajo la bandera de una multiplicidad de asuntos como madres comunitarias, responsables de guarderías infantiles, amas de casa, esposas y madres, se tradujo para ellas en la oportunidad de descubrir que todas comparten ciertas experiencias que les permiten reflexionar sobre sus vidas, para así terminar trabajando por su situación y por la colectividad de la que hacen parte.

Con el paso del tiempo las movilizaciones en defensa de la vida, como aquellas emprendidas por las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, empiezan a tener efecto por la fuerza de los vínculos de sangre; las mujeres de algunas zonas del país empiezan a reconocer que quieren detener la violencia que se ejerce sobre sus seres queridos. Por esta razón, organizan grandes marchas de reclamación política, en particular en contra del conflicto y a favor de la paz. El argumento que más frecuentemente ha servido como elemento de cohesión entre estas mujeres ha sido la búsqueda del bienestar, de la supervivencia y de la salvaguarda de sus hijos. Incluso mujeres que no los tienen, defienden y confluyen en este discurso sobre la maternidad, y plantean la necesidad y el derecho de luchar por el bien de los hijos, futuros o imaginados.

En suma, lo que se observa es que uno de los mecanismos de inclusión de masas notables de mujeres en el espacio
público en torno a reclamaciones o exigencias de naturaleza política se articula alrededor
del tema de la madre. La madre tiene derecho a pedir, a suplicar, a exigir a oponerse
a no importa qué fuerza o derecho para defender a sus hijos. Nadie pone en duda ese derecho. Parece de todo punto de vista evidente que el sufrimiento de la madre que pierde a su hijo es un dolor no comparable con otro, incluido el del hijo que muere. En nombre de ese dolor y de esa pérdida, nadie puede objetar su acción o intervención en el campo que fuere, incluido el conflicto y la acción dentro del mundo de lo público.

Esta organización de madres puede posibilitar en sus integrantes un crecimiento de la consciencia de género, hasta el punto que la maternidad misma sea redefinida como actividad colectiva para que se la conciba no solamente como acto de amor sino también como trabajo y como liderazgo de actividades para la sobrevivencia. En estos casos, las mujeres asumen sus intereses específicos de género, sus necesidades como trabajadoras y reconocen sus derechos en tanto mujeres.

Quizás las madres y viudas organizadas para ubicar a sus hijos y otros parientes desaparecidos son el ejemplo más claro de este fenómeno. Mujeres que nunca habían salido de sus casas deciden aprender a hablar en público, manejar los medios de comunicación, apropiarse de plazas y calles, capacitar a su comunidad en el tema de los derechos humanos, para no entregarle más hijos e hijas a la guerra.

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