miércoles, enero 16, 2008

La soledad femenina y la redimensión del amor

Tomado de Incidencia Democrática, I.DEM
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haciendo referencia a las fuentes y créditos.


La soledad femenina y la redimensión del amor

Por Teresa Díaz Canals

*Teresa Días Canals (1957) es Doctora en Ciencias Filosóficas y miembro de la Cátedra de la Mujer

de la Universidad de la Habana, Cuba.)


"Yo no concibo a quien no tiene necesidad

necesidad de nada pueda amar algo y no

concibo que quien no ame nada pueda ser feliz"

Jean Jacques Rousseau Emilio


La soledad como un tormento

Confieso que después de los trágicos acontecimientos del World Trade Center, dudé de la significación que pudieran tener estas ideas. Ante la posibilidad de un final volatilizador ya nada tendría sentido. Asistimos impotentes a una incomunicación cada vez más frecuente vestida de racismo, intolerancia e insolidaridad. Gracias al espíritu utópico que siempre ha acompañado a muchos seres humanos es que decidí terminar el trabajo, tal vez influenciada por las palabras martianas: "...cuando se serene este mar, puede asegurarse que las estrellas quedarán más cerca de la tierra". Entonces pensé que el tema de la soledad en general, de alguna manera está vinculado a los grandes desafíos globales. Tratar, pues, la soledad femenina es adentrarnos en uno de los tantos vericuetos del gran problema. Es posible que sirvan estas reflexiones para cuando se serene el mar.

A todo lo anterior agregaría, amén de circunstancias externas, el hecho de la traición de la propia escritura, ella nunca logra aprisionar enteramente todo lo que intentamos expresar. No obstante, a pesar de los inconvenientes, retomo un tema quizá intrascendente para algunos, cotidiano, solo como pretexto. Siempre con el fin de que ustedes también participen en su creación, pues tan autor es el que escribe como el que escucha o lee. Tengo la certeza de que el asunto abordado constituye una de las posibilidades infinitas. Lo imposible, cuando actúa sobre lo posible engendra un posible en lo infinito.[1]

La paradoja de cualquier ser humano es que -a pesar de constituir un ser intrínsicamente social- de alguna manera se siente invadido por el sentimiento de soledad, al menos en algún momento de su vida.

Cuando hablamos de ese sentimiento no se trata de una situación objetiva de verse privado de compañía externa, nos referimos a una sensación interna, a la sensación de estar solos sean cuales fueren las circunstancias, de sentirse solo(a) incluso cuando se está rodeado de personas. Sin embargo, existen considerables diferencias individuales en la manera en que se experimenta la soledad.[2] En la tragedia "Edipo en colono" Sófocles pone en boca de Creonte las siguientes palabras: a mí la soledad... me hace débil.[3]

Soledad de gente sin pareja como sentimiento excesivo, hasta vergonzoso, de personas para las cuales da la sensación que el día es más largo que para los demás, porque son vacíos y los momentos van aumentando sin llegar a dividirse posteriormente entre los hijos. También está la idea de P. Valery: Cuando estamos solos estamos siempre en mala compañía.

Llega hasta nuestros días la imagen de una mujer cabeza de familia como sinónimo de desgracia, de pobreza, episodio de una vida poco deseable. Es bastante difícil -a estas alturas- concebir que una persona debido a su nacimiento tenga necesariamente que estar atada a un destino y a determinadas tareas, sean deseables o no, aunque estamos conscientes de que ese es el caso de muchos seres humanos todavía.

En "Martes con mi viejo profesor. Una lección de la vida, de la muerte y del amor" Mitch Albon, el autor, relata la concepción de su maestro sobre el matrimonio:

"...Tener una persona amada es muy importante. Te das cuenta de eso sobre todo cuando estás pasando una época como yo, cuando no estás muy bien. Los amigos son estupendos, pero los amigos no van a estar aquí por la noche cuando estás tosiendo y no puedes dormir y alguien tiene que pasarse la noche en vela a tu lado, animarte, serte útil"[4]

Lo que pasa es que cuando generalmente estos momentos difíciles pasan, hay un sedimento sentimental (o debe haber) en esta ayuda que se otorga la pareja. Recuerdo que hace un tiempo tocó a mi puerta un antiguo compañero de estudios. El motivo de la visita era preguntar por una amiga común, pues él se había separado de su esposa y "necesitaba una mujer que lo atendiera", según me expresó. Al responder que mi amiga seguía casada y muy feliz en ese sentido, me preguntó: ¿Y tú? Es decir, a falta de pan, casabe. Daba lo mismo una que otra. Operación semejante a comprarse un par de zapatos, si no tiene unos, entonces recurre a otros. Asimismo, un dominicano expresó: "Si a mí me hubiera gustado fregar, no me hubiera casado"[5] Todo muy pragmático, demasiado utilitario, excesivamente calculador. García Márquez hubiera preguntado: ¿Y donde está el susto del amor?

El maniqueísmo está reflejado en la sociedad o al menos en la lectura que hacemos de ella. El bien y el mal lo encontramos constantemente en cualquier parte. Tomando en cuenta que no siempre podemos delimitar de forma drástica lo que es bueno y malo en términos absolutos, muchas veces no concientizamos que hay ciertos fragmentos de la realidad un tanto irracionales, un tanto irrepresentables, un tanto ambiguos.

Tal vez esta idea se pueda expresar mejor parafraseando a un poeta: Oh soledad! Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Contigo porque me matas y sin ti porque me muero.

El patrón cultural concebido por la especie humana respecto a la conjunción sexual lleva implícito la idea de complementariedad. Necesitamos al otro para poder ser, imagen que perseguimos atormentados por el afán de restitución de la completud perdida, de la totalidad.[6]

Recientemente la Cátedra Antonio Gramsci del Centro Juan Marinello publicó un libro de un evento celebrado en 1999 acerca de Rosa Luxemburgo. En el mismo aparece una ponencia del profesor y amigo Jorge Luis Acanda titulada "Aprender a pensar de otro modo" donde señala una idea de Rosa sobre la libertad que es la siguiente: "La libertad no puede nunca ser otra cosa que libertad para pensar de otra manera"[7], planteando así un postulado ético-cultural que personalmente lo extiendo también a la esfera de la subjetividad femenina en el que la mujer como sujeto social debe tener un papel activo y libertario dentro de un proyecto humanista. Cita además Acanda una idea de Alfredo Guevara acerca de la herejía revolucionaria, entendida esta como una actitud ante la vida, una actitud de búsqueda, de inconformidad con lo que se tiene ante los ojos, como voluntad de perfeccionamiento o de descubrimiento de otros planos de la vida y del pensamiento.[8]

Esta reflexión también la incorporé al espíritu que marca mi trabajo, pues ella me dio tranquilidad para ser herética o disconforme con una mentalidad criolla que reproduce estereotipos y costumbres condenadas por el devenir de la sociedad.

¿Por qué tenemos que aceptar que una mujer "sola" sea un ser incompleto, anormal, infeliz, pobrecita? En muchas ocasiones, las propias mujeres buscan desesperadamente y a cualquier precio la completud, para no sentirse calificadas y autocalificadas peyorativamente. En una novela de Marcela Serrano se expresa: Lo que sí sabía era el terror de quedarme sin él. Terror, terror. Prefería cualquier humillación a que me abandonara. Es que sencillamente ya no podía existir al margen de él.[9]

La cuestión radica en que socialmente una mujer "sola" no está legitimada, la misma cultura patriarcal formó un pensamiento general que se transmite de generación en generación. Lo patriarcal implica la deslegitimación a existir independiente, a ser de la mujer.

En una sección del periódico Juventud Rebelde: "Tres del Domingo", dedicada a brindar noticias curiosas, anécdotas interesantes y a veces ridículas, salió publicada recientemente una noticia acerca de una mujer sola, con el título Por cuenta propia:

"Una dama dominicana de treinta y cinco años, dispuesta a recuperar lo perdido, publicó un anuncio en un espacio de carácter personal de un periódico local para contratar... un embarazo. Según la nota, la mujer en cuestión aseguraba: "Recientemente enterré a mi madre, estoy sola en el mundo y siento un vacío muy grande en el alma, no tengo una pareja pero más que nada en el mundo quisiera tener un hijo que me dé una razón para seguir viviendo", y a continuación venía el colofón del llamado: "Pagaré por el servicio"[10]

No veo algo que pueda promover una sonrisa siquiera en dicha noticia, ¿qué tiene de gancho periodístico que un ser humano esté tratando de luchar contra su propia soledad?

El hecho de ser un obrero no significa que el mismo tenga conciencia automáticamente de su clase, el hecho de ser un negro no significa tener conciencia de su condición de raza, el hecho de ser mujer no significa tener conciencia de ser mujer. De lo que se trata es de leer e interpretar el mundo con ojos de mujer.

Simone de Beauvoir comentó en una ocasión la cantidad de veces que le preguntaron si no pensaba ser madre y si no se sentía mal por no procrear. Sin embargo, esa misma pregunta jamás se la hicieron a Sartre. Esta escritora francesa admiraba el silencio como modo de reflejar la desesperación humana. Decidió esgrimir su palabra para que fuera escuchada. Combinó la biblioteca con cafetines y garitos buscando universalidad, además, nunca pretendió ser un espíritu puro. ¿Cómo fue la pareja que Beauvoir toleró? La postura moral concebida fue la de vivir con su pareja en casas separadas, obras separadas. Relación regulada a través de una especial soledad con el espíritu de proteger la libertad individual. Así llegó a ser filósofa, ensayista, novelista y además mujer, no poniendo en entredicho a lo masculino.

En un trabajo acerca de cincuenta y dos mujeres que se negaron a parir todas manifestaron sentirse estigmatizadas por esta impopular decisión. El estereotipo negativo de una mujer que rechace tener descendencia incluía rasgos desfavorables como los de ser egoísta, inmoral, inmadura, no feliz.[11]

¿Por qué una mujer no tiene derecho a sentirse excepcionada con relación a los demás? No me refiero de ninguna manera a la soledad entendida como incomunicación, digamos, tomando una idea lezamiana, qué mejor sensación que un diálogo para no sentirnos invadidos por la fragmentaria vulgaridad de las cosas que comemos.[12]

En los siglos XVIII y XIX se perfila con intensidad lo que Michel Foucault llamó la sociedad confesante. El discurso sobre el sexo hasta nuestros días es una dimensión que hasta cierto punto protege la supuesta legitimidad de los matrimonios. Si por cualquier razón la mujer no vive de acuerdo a los parámetros sociales establecidos, corre el riesgo de no permitírsele el placer de tocar el piano a las 3:00 de la mañana. Lo más probable es que caiga bajo las redes del demonio de un laberinto menor. Porque rebelarse contra cientos de años de un pensamiento "normal" implica sufrimiento y porque ello además es sujeto actuante de esa mentalidad encasillada que busca la otra mitad muchas veces escondida en la sombra.

La socióloga Jessie Bernard, quien escribió The Future of Marriage (1982) desconstruyó en su libro la institución del matrimonio. Destaca cómo culturalmente el matrimonio es idealizado como el destino y la fuente de realización de las mujeres. No me inclino a creer, por la situación económica en Cuba, que una mujer no casada no sufra de stress (habría que analizar las circunstancias individuales y ver las alternativas de vida de cada una). No obstante, son interesantes los datos que ofrecen los sociólogos en EEUU al medir el stress humano: mujeres casadas y hombres no casados se destacan por un alto indicador de stress (palpitaciones del corazón, mareos, dolores de cabeza, pesadillas, insomnio, temor a las crisis nerviosas); las mujeres no casadas y hombres casados puntuaban bajo en los indicadores de stress.[13] Además de ello, es necesario tener en cuenta el nivel de aceptación de una cultura que empobrece e infravalora la posición independiente de la mujer y, por tanto, disminuye su autoestima al encontrarse sola, lo que generaría también un stress de otro tipo al de la mujer casada.

Uno de los cánones morales por los que se rige todavía la sociedad cubana es el otorgamiento de estima a las personas sobre la base de la evidencia. Así como un joven para demostrar su hombría muchas veces tiene que exhibirse con una mujer o tomar ron, la mujer necesita legitimarse socialmente mostrando su pareja. Constituye una especie de representación teatral, donde el espectador no quiere que caiga el telón y, por lo tanto, "volver a la realidad", mediante esa especie de simulacro inconsciente se mantiene levantado el telón y "transportado a otro mundo".

Una transgresora decimonónica, Gertrudis Gómez de Avellaneda expresó: "Solo veo deshonra donde hay mentira y codicia" Doña Tula, quien fue mucha mujer, calumniada por interpretaciones prejuiciosas, malos entendidos, ruindad moral de algunos, limitada visión de otros, siguió tal vez el imperativo pindárico: "Llega a ser el que eres" al considerar como único deber la fidelidad a ella misma. Sin embargo, ver claro en lo oscuro significa no dañarse jamás, todo aquel que vea oscuro en lo claro, nunca llegará a tener misterio sexual, haga lo que haga.[14]

La certeza de otras soledades

La preocupación generalizada por la completud perdida parece diseminarse en el caso de la mujer en lo más importante. Es que esto de la soledad también es una elección o no elección e incluso una imposibilidad de elección, por diversas causas. Es una cuestión que se inserta en el respeto al otro a pesar de todo. Pero en Cuba obviamos en ocasiones otras situaciones que nos dejan entrever otro tipo de soledades:

La soledad geográfica de la insularidad que nos hace cautivos de las rocas y del mar. La monotonía del tiempo isleño, la futilidad de la vida cotidiana constreñida por el agua, donde la sal - como a los metales - va borrando los perfiles.

La soledad de los engañados y estafados. Corrupción larvaria como estrategia de sobrevivencia donde lo mismo te adulteran la cerveza que te vas a tomar, que te venden un Café Cubita imaginario o un queso con arena. Maltrato cotidiano desmedido, provocador de una especie de insilio a la manera de Julián del Casal.[15] Muchas son las formas enajenantes que utilizamos algunos cubanos, que requerirían de una investigación sociológica. Cito una que es la de volar lejos de los demás, tal vez porque sentir que una está en la realidad es convertirse en un náufrago que está esperando en una Isla perdida la gran ola que te lleve a algún lugar de pertenencia. Lo mejor se convierte entonces en un "sueño eterno" que no es más que pasarse la vida soñando la realidad.

La soledad de la ausencia, que es la de la emigración y, por tanto, la soledad del retrato que te recuerda día a día seres que posiblemente ya no son. Esa soledad de los que no acaban de encontrar su lugar en el mundo. De un correo anónimo con título Forjando el puente tomé unas reflexiones de una cubana emigrada:

"Cuarenta años más tarde sigo sin pertenecer... Tanto cuando visito a Cuba como cuando visito a Miami, sé que estoy de "visita" en un planeta que no es el mío y el mío tiene que estar en una galaxia desconocida. Aunque en Cuba me siento mucho más cómoda que en Miami, allá como acá soy "extranjera". Invariablemente me siento "apartada" y "fuera de serie" cuando tengo contacto con gente que tiene en común con su agrupación inmediata continuidad de creencias y vivencias a las cuales yo no pertenezco. Y para recalcar la cosa, en Cuba demasiada gente me asocia con la "gusanería de Miami" y en Miami muchos me califican como "comunista" por tener criterios que no encajan con el dogma extremo que destaca a esa comunidad".

La soledad del dinero.

Como consecuencia de esa soledad anterior, tenemos también la utilización de las personas en tanto instrumentos; "Hay gentes -dice Epicteto- que prefieren presentar el vaso de noche a un amo a morir de hambre; los hay también que no podrían soportarlo: examina lo que vales"[16] Aquí me detendría a escuchar el consejo de Nietzsche: ¡No juzguéis! Cada una es una y sus circunstancias. La práctica es siempre demasiado compleja - nos dice Victoria Camps - para que pueda atender exclusivamente a puros imperativos morales[17]. En este terreno lo más importante es la defensa de determinados postulados éticos que sustentan, en última instancia, la no prostitución del alma, aunque para nada es sinónimo de la afirmación de que todo vale en ética.

La soledad de la unión por puro sexo. Esta sexualidad que no llena ningún vacío. Sexualidad que debe ser manifestación de un ser realizado y que se trastoca en otra interrogante: ¿Qué hago yo aquí, en esta cama, con este hombre? Es preferible decir con Stendhal: "Creo que es preferible la ensoñación a todo lo demás" para que el disfraz no se convierta en piel, para que la máscara no llegue a significar la propia ausencia de rostro.

La soledad como un derecho

La solución de ese deseo de completud al que nos referimos anteriormente, tal vez esté en que tal como aceptamos lo que aparentemente es bueno y malo debamos reconocer que la incompletud es inherente también a la condición humana, la desconstrucción, por tanto, del esquema de aspiración de completud nos permitiría la edificación de nuevos moldes de integración desde la propia incompletud.

Fernando Pessoa reclama el derecho a la soledad en uno de sus poemas:

¡No me fastidiéis, por amor de Dios!

¿Me queríais casado, fútil, cotidiano y tributable?

¿Me queríais todo lo contrario, lo contrario de lo que sea?

Si fuese otra persona, os daría gusto a todos,

Así, como soy, ¡tenéis que aguantaros!

¡Idos al diablo sin mí!

¿Por qué habíamos de irnos juntos?

¡No me cojáis del brazo!

No me gustan que me cojan del brazo. Quiero ser solo.

¡Ya he dicho que soy solo!

¡Dejadme en paz! No tardo, que yo nunca tardo...

¡Y mientras tarda el Abismo y el Silencio quiero estar solo![18]

La identidad se perfila siempre desde horizontes que implican un mundo social determinado. Cada uno es lo que los otros consideran, en un proceso dialéctico de autoidentificación e identificación. Desde pequeño, el individuo aprende que él es lo que lo llaman.

Esa abstracción de roles y actitudes se denomina el otro generalizado. Con otras palabras, la actitud del otro generalizado - según George Herbert Mead - es la actitud de toda la comunidad. Precisamente a través de dicho "otro generalizado", la comunidad ejerce control sobre la conducta de sus miembros individuales.[19] Claro que no existe una total simetría entre la realidad objetiva y la esfera subjetiva del ser humano, se nos presenta como una relación no estática y definitiva, como un acto de equilibrio permanente.

¿Es posible la sobrevivencia cuando la experiencia de determinada persona no coincide exactamente con las tipificaciones sociales establecidas? De entrada diría que sí, de hecho las mujeres sobreviven, pero no es lo mismo sobrevivir a vivir. En la vida cotidiana se produce una especie de bifurcación, una línea divisoria entre la experiencia personal vivida y esos tipos sociales. Unas aceptan esa conciencia bifurcada y otras terminan por negar la validez de su propia experiencia.

Los sociólogos denominan a la desintegración o desmantelamiento de la estructura de la realidad subjetiva alternación[20] Ejemplos de alternación son la conversión religiosa, las conocidas técnicas de "lavado de cerebro", la psicoterapia, entre otros.

Pensando en este mismo sentido, tal vez la construcción de la realidad femenina desde lo subjetivo pueda transformarse también a partir de dicha alternación, pues las transformaciones económicas, políticas, sociales, jurídicas, no han resultado ser suficientes si no se dan junto a ellas cambios de tipo cultural que reviertan la subjetividad femenina y la mirada del otro.

En el caso cubano la palabra del otro tiene una connotación especial. No por gusto las cuentas de teléfono no se acaban de adaptar al nuevo tiempo del metrado. En el barrio, en el trabajo, las reuniones, los barrios, las colas, las palabras, siempre las palabras. No obstante, esa inclinación a hablar, a ese lleva y trae, a las murmuraciones, también están - unas veces para bien y otras para mal - los silencios del cubano. Sobre esta cuestión del silencio merece la pena detenernos. Es necesario deslindar al menos dos vertientes del silencio. Uno que correspondería al que guardaron María Antonieta en vísperas de su ejecución y Sor Juana Inés de la Cruz ante sus censores, como expresión de un dolor inexpresable donde se siente la inutilidad de las palabras y del llanto. Otro sería la "conspiración del silencio" que es otra cuestión diferente. A modo de ejemplo podemos citar la tragedia de Edipo Rey. Alrededor del protagonista se tejió dicha confabulación. El pastor calla cuando salva al niño, cuando reconoce en Edipo al asesino del rey, cuando opta por retirarse al campo, hay conjuración en Tiresias, que con su sabiduría de adivino conoce quien es el asesino de Layo y permite que este se case con Yocasta, a la que sabe madre de Edipo. La hay en los reyes de Corinto, cuando no dicen a Edipo que es su hijo adoptivo y permiten con ello que vaya a Tebas, a dar cumplimiento al destino decretado por el oráculo de Apolo. En algunas ocasiones, al optar por el silencio, estamos conspirando.

El concepto de "vida privada" encierra, entre otras cosas, una serie de significados que debemos asimilar desde el punto de vista cultural: creación, lectura, secreto, encuentro pausado con amigos. Porque un sujeto, ya sea hombre o mujer, que niega la individualidad necesariamente invade la privacidad de todos los que le rodean, de sus hijos, de su compañero(a), de sus hermanos...

El cultivo de sí, es decir, cuidar ese espacio que no tiene para nada que ver con el espacio doméstico, procura en definitiva las condiciones para recrear la privacidad. Charlotte Bronte presenta en su obra Villette a la heroína Lucy Snowe, la cual está libre y sola. Ella deberá escoger entre el amor y la libertad y se decide por su individualidad, a expensas de la sexualidad. Automáticamente el lector se apresurará probablemente a condenar esta actitud, a juzgarla como un ser "amargado". Ahora bien, el mensaje de la Bronte es destacar que Lucy no hubiera sido libre en compañía de los hombres de su entorno social. Por lo tanto, no había para Lucy otro camino, tal como no lo había para las propias hermanas Bronte.

No obstante lo antes señalado, encontramos como en determinadas observaciones clínicas, realizadas en los años sesenta en EEUU, demostraron que el "espacio íntimo" es, en el caso de las mujeres, la causa fundamental de su desilusión, mujer abandonada es sinónimo de quedarse vacía.[21]

Encontrar esa habitación con un pestillo en la puerta a la que se refería Virginia Woolf, es la vía para poder abrirnos un espacio permanente en el mundo de las ideas, en el auténtico respeto, para poder encontrar la libertad intelectual. Es más importante ser una misma a través de estas condiciones. Y en esa habitación cerrada escribir es una forma de sociabilidad en el sentido simmeliano[22] Conversar escribiendo es la realización de una relación que no pretende ser otra cosa que una relación, forma de interacción con un contenido autosuficiente, una manera sublimada y pura de comunicación.

Coincidimos con el feminismo que proclama la necesidad de que cada individuo pueda elegir el modo de vida que más le convenga y que se respete y acepte esa elección, ya sea ama o amo de casa, profesional no casado o miembro de una familia de doble ingreso, con niños o sin ellos, heterosexual u homosexual. Es en esa reflexión anterior donde se encuentra el fondo cívico de esta problemática.

Por otra parte, hay un planteo de Celia Amorós en correspondencia con lo que queremos subrayar: una auténtica ética feminista no significa para nada una ética de mujeres la cual proclama solamente los valores femeninos, sino denota una disconformidad con la cultura patriarcal -que es otra cosa- capaz de desplegar un discurso universalizable. Dicha cultura patriarcal genera una sicología femenina alienada, un discurso de sí misma oprimido e instalado en la "otredad".

¿Cuál será, Dios mío, la mayor de las soledades?

La nostalgia inmensa que produce la muerte de un ser amado. El recuerdo de esa persona estará presente de alguna manera. Esa soledad entonces, no es la más grande de las soledades.

La soledad resultado de un amor imposible como el de Gertrudis Gómez de Avellaneda hacia Ignacio Cepeda o el de Juana Borrero hacia Julián del Casal.

Los momentos de soledad de quien se tira al mar y flota sin rumbo (o con uno...) a la espera de un milagro que cumpla su sueño eterno.

La soledad inenarrable del poeta José María Heredia, cuando en el exilio extrañaba a su madre y a su patria, como símbolo de la melancolía de los cubanos lejos de su patria en todos los tiempos.

La soledad experimentada como libertad (a la manera de Simone de Beauvoir). Sin testigo, sin interlocutor, como rechazo de la injerencia de los demás. Un modo diferente de entender la feminidad, un eterno comenzar para alcanzar la trascendencia. Soledad en tanto libertad como esencia humana que divaga entre el riesgo y la aventura, buscando una oportunidad.

No, Señor, esas no son las más grandes de las soledades. La más grande de las soledades es la persona que no ama.

Es solo en el devenir donde se preservan los seres. El cambio significa renacimiento, oportunidad, pero de ninguna manera catástrofe. Comparto la mirada que brinda Liliana Mizrahi acerca de la soledad con el planteamiento que hace en lo que ella llama la ética de la lucidez. Este sentimiento de esta forma concebido ya no es sinónimo de abandono, vacío, deterioro, marginalidad, carencia, muerte social, sino que también esa soledad puede ser transformada en espacio fecundo, donde se redimensione el amor, de esta manera la soledad se transfigura.[23]

La vida sin amor es algo para resistir, no para vivir. Aún el mitológico Narciso requirió de un espejo que le sirviera de sustituto inanimado, a falta de personas que lo amaran. Vivir para sí misma es solo vivir a medias. Lo único que hace a la vida digna de vivirse es la unión del pensamiento y de las obras propias con la de los demás. El amor es una ilusión como toda búsqueda de perfección humana, pero constituye la ilusión más importante y necesaria de cualquier cultura. El ermitaño es una posibilidad que fenece.

Al menos la soledad personal femenina, resultado de un cambio es predecible, manejable, consecuencia de un destino que quizá tu misma ayudaste a tejer, por encuentros y desencuentros, elegible porque no estas dispuesta a aceptar a un acompañante permanente de tercera o cuarta categoría. Asimilar en la profundidad es, en definitiva, dar respuesta.

Hubiera querido terminar con una frase rotunda, absoluta, que era la siguiente: A los planificadores de orgasmos ajenos ¡váyanse a la mierda! Al comentarlo, alguien me recordó mi condición de académica, mujer, persona "educada" y algunas cosas más. Entonces, opté por un final más reconfortante:

Hace unos años, en medio de una clase, reprendí a un estudiante un tanto injustamente por no haberse preparado lo suficiente para un seminario. Mi alumno al terminar la actividad se me acercó y me dijo: Usted no se da cuenta profesora, que yo la amo.

La muerte sorprende a los que no vivieron en vida

o no vieron la luz sin manchas

tal cual es.

Ese amor espiritual entre alumno profesora y los versos de mi hijo Julio Antonio, los interpreto como un mensaje de continuidad de otra generación que me hace desvanecer las marcas del pasado, desestimar las tensiones del presente, postergar un tanto los retos del porvenir.


[1] Véase. José Lezama Lima. Diccionario de citas Carmen Berenguer y Víctor Fowler Calzada. Casa Editorial Abril, La Habana, 2000, Pág. 116

[2] Véase...El sentimiento de soledad Melanie Klein Editorial Paidos, Buenos Aires, 1990, Pág. 154

[3] Sófocles Tragedias Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1998, Pág. 364

[4] Albon, Mitch Martes con mi viejo profesor

[5] Véase: Panel Masculinidad y violencia intrafamiliar. Instituto Tecnológico de Santo Domingo, 29 de octubre de 2002. Dr. Angel Pichardo Almonte

[6] Véase... Y Dios creo a la mujer Colectivo de autores Centro Evangelio y Liberación Madrid, 1993, Pág. 34

[7] Véase... Aprender a pensar de otro modo Jorge Luis Acanda en: Rosa Luxemburgo Una rosa roja para el siglo XXI Centro de Investigación y desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2001, Pág. 67

[8] Véase... Jorge Luis Acanda Ob.Cit. pag.77

[9] Serrano, Marcela El albergue de las mujeres tristes Editorial Alfaguara, México, 1997, Pág.83

[10] Periódico Juventud Rebelde 10 de noviembre de 2002 Sección Tres del Domingo: Por cuenta propia, Pág. 7

[11] Véase... La construcción sexual de la realidad Raquel Osborne Ediciones Cátedra, S.A. Madrid, 1993, Pág. 141

[12] Véase... Paradiso José Lezama Lima Ediciones Unión, La Habana, 1966, Pág. 48

[13] Véase ... Teoría Sociológica Contemporánea George Ritzer Editorial Mc Graw Hill, México, 1993, Pág. 374

[14] Véase... José Lezama Lima Ob. Cit.

[15] Véase "Estafa en estuche sellado" René Tamayo León Periódico Juventud Rebelde 27 de octubre de 2002, Pág.5

[16] Véase... Historia de las ideas morales Paul Gille Editorial Partenón, Buenos Aires, 1945

[17] Véase... Paradojas del individualismo Editorial Crítica, Barcelona, 1993, Pág. 69

[18] Pesooa, Fernando Lisbon revisited (1923) En: Mitos Poesía Grijalbo Mondadori, S.A., Madrid, 1998, pág. 59-60

[19] Véase... Self on Society George Herbert Mead EN: La Teoría Sociológica: Naturaleza y Escuelas Don Martindale Editorial Aguilar, Madrid, 1971 Pág. 419

[20] Véase... La construcción social de la realidad Peter L. Berger, Thomas Luckmann. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1998, Pág. 196-198

[21] Véase... Política sexual Kate Millet Ediciones Cátedra, S.A., Madrid, 1995, Pág. 384

[22] El concepto de sociabilidad lo podemos definir como la asociación en sí, el gusto de asociarse, sin restricciones u objetivos prácticos (NA)

[23] Véase. El feminismo como redimensión del amor Azucena Romo En: Estudios de Género Graciela Hierro(comp.) Editorial Torres Asociados, México, 1995, Pág. 55

Teresa Días Canals (1957) es Doctora en Ciencias Filosóficas y miembro de la Cátedra de la Mujer

de la Universidad de la Habana, Cuba.


Tomado de Incidencia Democrática, I.DEM
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