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viernes, enero 16, 2009

Mis respetos, Piedad Por: Maria Elvira Samper




Enero 14 de 2009

Mis respetos, Piedad

En un medio de políticos veleidosos y oportunistas, Piedad nos ha dado ejemplo de coherencia con sus principios.

No siempre estoy de acuerdo con las actuaciones de la senadora Piedad Córdoba y no porque desconozca la validez en sus propósitos, sino porque muchas veces borra con el pie lo que hace con las manos. Olvida que las formas, las imágenes y los gestos cuentan, que todo se puede decir pero no de cualquier manera. Su carácter frentero y directo —similar al que tantos colombianos le celebran al presidente Uribe—, conspira en su contra y la convierte en blanco de críticas no siempre justas.

Haciendo caso omiso de las formas, confieso que admiro y respeto — y me conmueven— sus profundas convicciones y su porfía en la búsqueda de la liberación de los secuestrados, del acuerdo humanitario, de caminos de paz. Como a otros opositores y críticos, el Gobierno ha querido desprestigiarla y graduarla de terrorista amiga de las Farc, pero no obstante el poder presidencial, la polarización y el discurso guerrerista que ha pelechado como maleza, a pesar del escepticismo frente a la posibilidad de encontrarle una salida política al conflicto armado, Piedad no se ha dado por vencida. Ha demostrado su tenacidad para vencer obstáculos y resistencias, y cabe destacar su coraje para no dejarse amilanar o arrinconar, para seguir defendiendo una causa que le ha ganado más enemigos y detractores que amigos, más denuestos e insultos que apoyos y reconocimiento.

Contra todo pronóstico y cuando, tras la muerte de 'Reyes' y la 'Operación Jaque', nadie daba un peso porque las Farc liberaran secuestrados sin condiciones, ella siguió jugada por la causa. No obstante la obsesión por la derrota militar de la guerrilla, el sabor amargo del Cagúan, los innegables éxitos del Gobierno y la ceguera política y degradación de las Farc, Piedad siguió firme en su empeño, avanzando contra viento y marea, capoteando tempestades, exponiendo la vida en un país donde las amenazas se cumplen, convencida de que no todo está perdido.

Incluso venció el escepticismo de algunos intelectuales que recibieron con cajas destempladas su idea de insistir en el diálogo y de enviar una carta a Alfonso Cano, el jefe máximo de las Farc, con la propuesta de iniciar un proceso de liberación como primer paso para un eventual acuerdo humanitario. Y como la constancia vence lo que la dicha no alcanza, logró las firmas y que las Farc respondieran comprometiéndose a liberar a seis secuestrados de los llamados "canjeables" .

Hace un año, a raíz de las liberaciones de Clara Rojas y Consuelo de Perdomo, en parte gracias a los buenos oficios de Hugo Chávez, me preguntaba en esta columna si el activismo en pro del acuerdo humanitario le había hecho perder a Piedad sintonía con los sentimientos de la gente, si se había convertido en punta de lanza del chavismo e iba, por ahí derecho, a truncar su ya larga carrera política. Nada de eso ocurrió y, además, aprendió la lección. En esta ocasión —justo es reconocerlo—, la discreción ha marcado sus actuaciones. Además, las encuestas le dan la razón: según la Invamer-Gallup de diciembre, el 60 por ciento cree que hay que insistir en el diálogo.

Si seis secuestrados más van a regresar pronto a sus hogares, se debe a la tenacidad de la senadora liberal y a su convicción de que hay que explorar fórmulas para salir del conflicto. Si fue posible negociar con las Auc, tan o más sanguinarias que la guerrilla, ¿por qué negarse a abrir un espacio con las Farc? Creo, como Piedad, que no podemos resignarnos a la persistencia de un conflicto que nos desangra y nos deslegitima como democracia.

Su postulación al Nobel de Paz por el Nobel Adolfo Pérez Esquivel es un reconocimiento a su lucha sin tregua, pese a que muchos lo han interpretado o como una lagartería o como un gesto hostil contra el Gobierno. Es lo de menos. Lo de más es que Piedad nos ha dado ejemplo de coherencia con sus principios. Y en un medio de políticos veleidosos y oportunistas es como para quitarse el sombrero.

Tomado de: www.cambio.com.co


 



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