domingo, diciembre 20, 2009

Una mujer X

Comparto esta columna, muy interesante.
Anam.

El Espectador.com
8 Oct 2009

Una mujer X

Por: Catalina Ruiz-Navarro

"Eres una blanca de mierda, yo soy un negro y no tengo miedo a la policía. Te mataré".

Eso le dijo Y a X en Tarragona, España, y después la agredió con un cuchillo. Y fue condenado a 16 meses de cárcel por lesiones y amenazas en noviembre del 2007. Los jueces le prohibieron acercarse a X en casi dos años. Aun así se acercó, ¿por qué? Porque X se lo pidió. La escena del porque-te-quiero- te-aporreo se repitió unos meses después y los vecinos llamaron a la policía. Descubrieron que la orden de alejamiento no se cumplía y a él lo condenaron por quebrantar la condena. X apeló.

X pide a la justicia que la deje vivir con su agresor, no entiende que el Estado se meta en su vida y dice que es una víctima de la normativa penal.

Uno naturalmente se pregunta si se debe proteger a las víctimas aún contra su voluntad, eso es condescendiente, aunque se caven su propia tumba. Vive y deja vivir. Pero y ¿qué pasa si a X la mata Y y el Estado no hace nada? ¿Es Y un criminal aunque tenga el consentimiento de X? Consuelo Abril, presidenta de la Comisión de investigación de Malos Tratos a Mujeres dice que "la mujer maltratada no tiene capacidad para saber si está en riesgo. Lo que dice puede tenerse en consideración, pero ella está dentro del ciclo de la violencia y percibe el peligro que corre." La Audiencia Provincial de Valladolid, consideró que cuando el alejamiento se impone contra la voluntad de la víctima "se atenta contra su dignidad y contra su derecho a decidir libremente con quién quiere compartir su vida".  "El alejamiento obligatorio es ineficaz", señala el Magistrado Ramón Sáez. "Las parejas vuelven a vivir juntas diga lo que diga el Estado. Una pena de estas características está abocada al fracaso".

"Él pasaba por apuros económicos, tenía problemas con la bebida. Luego le dejé muy claro que debía resolverlo si creía en nosotros, y reaccionó. Nos ha costado más de un año pero ha dejado el alcohol, nos hemos mudado de ciudad y empezamos de nuevo. Se equivocó.", dice X.

Ante esta declaración de X salta a la vista su tontería. Son frases que se han dicho a lo largo de los tiempos y que se han aprendido a reconocer como señales de alarma: excusar al tipo, decir que "él va a cambiar", son clásicos, y si van acompañados de un "tenía problemas con la bebida" peor. Es como para hacer una postal de maltrato de género. Sin embargo es cierto que ella debe poder hacer lo que se le dé la gana.

¿Puede?

No. Básicamente las dos opciones de X son o a. estar bajo el poder de su agresor, o b. bajo el poder del Estado que la obliga a vivir separada de su amado. X es una víctima por definición.

Este es el tipo de asuntos que le deberían importar al feminismo más que cosas como "la objetización de la mujer en las películas porno". No encontramos con una mujer X, en cualquier lugar del mundo, en el siglo XXI, que no tiene la posibilidad de la voluntad. Uno querría que ella tuviera más de dos dedos de frente y se diera cuenta de que la única que puede salir de esa situación es ella misma, que ha renunciado a su voluntad pero podría escoger recuperarla.

De eso es de lo que se trata en realidad el feminismo, de educar a las mujeres para que tengan una voluntad propia real. Muchas mujeres, como X, no la tienen. Tal vez fueron las circunstancias en las que creció o quien sabe que trauma con la figura paterna (obvio, siempre es el papá) pero eso no justifica que renuncie a su voluntad.

Ahora, ir a decirle algo es una falta de respeto. Vive y deja vivir. Por eso ser feminista no se trata de evangelizar por ahí, con pancartas andariegas si no de que una mujer, desde su calidad de mujer, tome la decisión personal de asumir las riendas de la propia vida.


http://Catalinapordios.blogspot.com

§  Catalina Ruiz-Navarro





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