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viernes, mayo 31, 2013

Colombia: altos funcionarios ejercen las violencias contra las mujeres

Catalina Ruiz Navarro en larazonpublica.com hace un análisis sobre la actitud de muchos funcionarios públicos en Colombia que resultaron muy maltratadores de las mujeres, incluso algunos están acusados de feminicidios.
Catalina resalta el papel de los medios de comunicación para hacer visibles esas violencias.

"Si estos casos han llegado a ser de conocimiento público se debe a que algunas mujeres decidieron ventilar su maltrato a través de los medios de comunicación". 

fotografía del artículo original


Leer la nota completa click aquí


* Catalina Ruiz Navarro. Filósofa y artista visual de la Universidad Javeriana, magister en Literatura de la Universidad de los Andes, columnista de El Espectador, directora y fundadora de Hoja Blanca revista-ONG (HojaBlanca.net), editora general de Las 2 orillas.


@catalinapordios

  • Catalina Ruiz Navarro 
  •  Feminismos 
  • Funcionarios Y Victimarios
  • Maltrato Físico Y Psicológico



  • Violencia Contra La Mujer
  • lunes, octubre 31, 2011

    Luz Elena Rivas Hurtado, asesinada en Cali por su novio








    COMUNICADO OO8
    FEMINICIDIO  : CRIMENES DE ODIO CONTRA LAS MUJERES


    Luz Elena Rivas Hurtado, asesinada en Cali por su novio
    Un niño de solo 10 años y su hermanita de 7, a partir de ayer se suman a la cifra de testigos clave de un doloroso hecho que viven nuestra ciudad con total indiferencia y al cual vamos sumando cada día solo una estadística de casos. Esa mujer solo tenía 31 años y era la mamá de estos menores. Muerte por asfixia en hechos violentos que presuntamente inculpan a su compañero sentimental quien hasta ahora se encuentra desaparecido, sobre el que testigos dicen haberle visto salir con un televisor del lugar de los hechos y al parecer, también se llevó los documentos de Luz Elena.
    ¿Será que a las mujeres cuando nos aman, nos matan?
    En el mes de agosto de 2011 las autoridades de Cali prendieron las alarmas por el incremento en las cifras de mujeres muertas por causas violentas.* 
    En el último registro de lo que va corrido del año, presentado el 10 de agosto por el Instituto de Medicina Legal de Cali, se pudo conocer el resultado de las necropsias de 206 mujeres, cuyos decesos se dieron por diferentes causas. La directora de esta entidad, Ana Inés Ricaurte Villota, confirmó que 66 casos correspondían a homicidios, 39 casos por accidentes de tránsito, 13 por otro tipo de accidentes, 8 casos de suicidio y el resto corresponden a muertes naturales.
    Las cifras arrojadas por las autoridades revelan que de cada 100 denuncias que se reciben en el Observatorio de Violencia Intrafamiliar, 45 casos corresponden al maltrato a la mujer de parte de sus conyugues o compañeros permanentes”.
    Maltrato que en más del 60 % de los casos se convierte en asesinato.
    Este es otro caso de Feminicidio en el que se refleja el odio contra las mujeres; crímenes que generalmente están siendo acunados por una intolerancia social y estatal que no detalla las causas de las muertes y por lo tanto no asume con eficiencia los correctivos para que esto no se vuelva a repetir.
    La Ruta Pacífica de las Mujeres Regional Valle del Cauca y la Unión de Ciudadanas de Colombia Seccional Cali, rechazan este crimen sobre el cuerpo y vida de una mujer y hacen un llamado a las instancias competentes para que este acto de violencia sea investigado y que el culpable reciba el castigo ejemplar que merece.
    Las mujeres caleñas rechazamos esta violencia sobre las mujeres porque cuando está siendo reconocido su continuum por las autoridades y la ciudadanía y no se hace nada para superarlo, se convierte en un acto perverso alentado por la impunidad, por unas investigaciones mal integradas a cada caso, por una indiferencia ante la denuncia  y por el incumplimiento a la ley 1257 de 2008 en la cual existen normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres.
    Rechazamos la desatención e indiferencia de aquellos para quienes la vida de una mujer es secundaria y cuya muerte se maneja con un sesgo descalificador y culpabilizador.
    Manifestamos nuestras condolencias a todas las mujeres de Cali porque UNA MÁS DE NOSOTRAS ha sido derrotada por la indiferencia y la violencia.

    EQUIPO COORDINADOR

    martes, julio 21, 2009

    Feminicidio: La gerra en el cuerpo

    Ir a la página principal

    Viernes, 17 de Julio de 2009

    logo las12

    La guerra en el cuerpo

    En la semana que pasó, el cuerpo de una maestra fue encontrado en un aljibe. Esa fue la represalia por no haberse dejado violar. La escena es horrenda y sin embargo tan común que el relato podría servir para más de un caso. Es que no es un hecho aislado, ni siquiera un crimen común. La antropóloga e investigadora Rita Segato lo tipifica, directamente, como un genocidio que tiene focos pero no fronteras. Porque para ella el género, por definición, es violencia. Una violencia ancestral pero permanentemente aggiornada, fundadora de todas las estructuras de poder.

    Por Roxana Sandá

    http://www.pagina12.com.ar/fotos/las12/20090717/notas_12/tp0.jpg

    Ser mujer en Latinoamérica es peligroso. Los femicidios de Ciudad Juárez y Guatemala, los crímenes de mujeres en El Salvador, en Mar del Plata, Río Negro o el conurbano bonaerense y la aparición de cuerpos mutilados de mujeres pobres hablan de nuevas formas de violencia que emiten mensajes en varios sentidos. Hacia las víctimas potenciales, alimentándoles un miedo innombrable, y hacia otros agresores, como si en cada violación o muerte provocadas estimularan las redes de un poder invisible. "Para el género no hay paz", advierte la antropóloga argentina Rita Segato, profesora del Departamento de Antropología de la Universidad de Brasilia, que investigó las torturas y asesinatos de Ciudad Juárez. Y esa concepción cruenta del sexo sobre los cuerpos de las mujeres aparece bajo formas específicas de represión que atraviesan los genitales femeninos. "Todavía estamos en la prehistoria patriarcal de la humanidad", dirá Segato.

    ¿Qué función cumple la violación en los actos de violencia contra la mujer?

    –Cuando analicé la situación de Ciudad Juárez me pregunté por qué en estas nuevas formas de guerra es tan importante secuestrar, torturar, demolir, desmontar, deshacer el cuerpo de la mujer mediante la agresión sexual. Pero, cuidado, es un gran equívoco llamarlos crímenes sexuales. Es una agresión por medios sexuales pero no con objetivos sexuales. El deseo sexual es algo totalmente diferente. La respuesta es porque a partir de la agresión sexual a esa mujer, se ataca al otro. Los femicidios en el Congo, por ejemplo, son la destrucción genital de las mujeres. Porque en el imaginario patriarcal, que es hegemónico y en el cual estamos todos enredados, la destrucción del cuerpo de la mujer es la desmoralizació n no tanto de aquélla sino de los hombres que deberían ser capaces de tenerla bajo su tutela, de protegerla.

    ¿Esto habla de una guerra moral?

    –De una guerra moral muy fuerte en este mundo de guerras no convencionales. La estrategia de la desmoralizació n del enemigo es central y la práctica para desmoralizar a ese enemigo es la usurpación y la destrucción sexual del cuerpo de sus mujeres.

    ¿Hablar de la "destrucción sexual" a través de la violación es literal? ¿Desde qué punto de vista?

    –Que la violación signifique la destrucción moral de la mujer es una idea patriarcal que se tragaron los feminismos, que acataron muchos conceptos puritanos y que es un error. La violación no es un crimen sexual, sino un crimen que lastima, mata, deja daños permanentes, que formula la sexualidad de una forma que las mujeres no percibimos. Es la lección patriarcal de la sexualidad. Por supuesto, no es bueno ser violada porque deforma otras posibilidades de la sexualidad, que es secuestrada para el patriarcado. En todo caso, la violación es el suicidio moral del violador, no del violado. Que estés muerta moralmente porque tuvieron acceso sexual a tu cuerpo es una imagen patriarcal que nos inculcan. Para las mujeres esto no es así: la vida sigue.

    ¿Por qué se refiere a un estado mundial de guerras no convencionales para enmarcar este tipo de violencia?

    –Tenemos un escenario de nuevas formas de la guerra que no sólo se da en Latinoamérica. Ya no se trata de dos ejércitos, sino de una guerra difusa y generalizada que asume formas diferentes, como la guerra Estos grupos insurgentes contestatarios, las guerras maras, las mafias, las guerras de la policía contra los pobres y los no blancos, que son las nuevas formas del autoritarismo estatal. Estas situaciones dependen del control de los cuerpos, sobre todo del cuerpo de la mujer, que siempre tuvo una gran afinidad con el territorio. Y cuando el territorio se apropia, se lo marca. Sobre él se colocan marcas de la nueva dominación. Siempre digo que el cuerpo de la mujer fue la primera colonia.

    ¿Qué ocurría con los cuerpos de las mujeres en los períodos de "guerras convencionales"?

    –El vencedor tomaba el espacio físico y el cuerpo de mujer era contiguo y continuo al territorio. Había una transferencia histórica en ese cuerpo de mujer. Hoy, la destrucción por medio de formas de crueldad es práctica rutinaria, y ponerles nombre es central para poder exigir investigaciones pormenorizadas y para crear vocabularios. Es imprescindible su separación de los crímenes comunes. El género es una máquina genocida y los jueces participan del género. Son hombres, nadan confortablemente en la atmósfera hegemónica patriarcal. Y para el género no existen tiempos de paz.

    En su investigación sobre los femicidios en Ciudad Juárez, se refiere a esas marcas como "la escritura en el cuerpo de las mujeres".

    –En todo esto el cuerpo de la mujer cae porque es el lugar donde se emite, donde se escribe ese mensaje de "yo puedo más, yo te destruyo moralmente". Porque esa destrucción del cuerpo femenino es entendida como una subordinación moral de todos aquellos hombres que no participan de ese acto salvaje comunal de la fratría masculina. Es una estructura nueva en este período histórico. En ese sentido, Ciudad Juárez es paradigmática en esta guerra difusa de confrontación, de competición entre mafias que son un paraestado y que pueden tener más poder que las instancias estatales. En definitiva, se trata de un mismo fenómeno: la opresión de las mujeres. Estoy de acuerdo con el discurso feminista cuando sostiene que la violencia contra la mujer tiene que ver con las relaciones de género.

    ¿Aparecen como formas específicas de represión?

    –Y que pasan por los genitales femeninos, por su sexualidad. Aunque también se manifiestan como formas de represión sobre el cuerpo de hombres que son colocados en una posición femenina. Como el caso del policía norteamericano que en 1997, tras detener a un inmigrante haitiano en una calle de Nueva York y llevarlo a la comisaría, le introdujo un palo de escoba en el recto, provocándole graves lesiones. También están los ejemplos de abuso y tortura de prisioneros encarcelados en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, como dominación expresada en términos de intrusión sexual en el cuerpo masculino, que es la feminización de ese cuerpo bajo la forma de destrucción moral.

    Lo que describe parece la explosión de la ilusión de la modernidad.. .

    –Claro. Infelizmente, la buena definición del Estado como espacio neutro donde todos entran con sus demandas y reivindicaciones no es lo que se observa. El caso específico de las mujeres es considerado un apartado, un capítulo secundario de los grandes temas universales. Falso. Mi libro, Las estructuras elementales de la violencia, no es sobre violencia de género sino sobre cómo el género es violencia y esa violencia es la fundadora de todas las otras formas de violencia. Es la fundadora de un edificio completo, jerárquico de expropiación para construir poder y, por lo tanto, violento.

    ¿Podría mencionar una escena fundante?

    –La relación hombremujer, la primera escena familiar donde emerge el sujeto, es una escena fundadora de lo que llamo la prehistoria patriarcal de la humanidad. Pienso que todavía estamos en la prehistoria, con una concepción cruenta del sexo, hasta poder superar el patriarcado. Con la modernidad, el espacio doméstico se privatizó, fue pulverizado. No existe posición peor para la mujer que la familia nuclear.

    En los últimos tiempos, desde diferentes sectores de poder, se hizo visible una política marcada de dominio de los cuerpos de las mujeres.

    –El año pasado terminé de escribir el libro Cerrando filas, religión y política hoy, que trata sobre el control de los cuerpos en las religiones. Estamos en una época de paradigmas fundamentalistas en la política. La tendencia fundamentalista del Islam también es fortísima en el cristianismo. Hay una presión para que las políticas se encuadren dentro de un paradigma de elaboración de signos de identificació n y que esos signos sirvan para cerrar filas en diferentes sociedades. En el fundamentalismo católico, toda la guerra sobre el aborto, sobre el control de la natalidad no es moral ni doctrinaria, sino política. Ese cuerpo de la mujer debe manifestar que tiene dueño. Es el enlatamiento de las identidades, y tiene que ver con la fuerza de las políticas de la identidad en este momento. Plantar una bandera desde una perspectiva fundamentalista y territorial de la política no tiene una razón moral, sino de dominación fuerte.

    En sus trabajos propone tipificar los casos de femicidios de Ciudad Juárez o Guatemala como un nuevo tipo de genocidio.

    –La invención del genocidio como lo conocemos hoy, no es simplemente el ingreso de un ejército a un pueblo para pasar a cuchillo a todos sus miembros. Es un exterminio programado y a veces a largo plazo. Si observamos ese exterminio como absolutamente racional –y no soy yo quien lo dice sino Hannah Arendt–, esa posibilidad de planificar el genocidio como una máquina burocrática es moderna y comienza con la conquista de América.

    ¿Qué herramientas deberían pensarse para instrumentar esa categoría?

    –Existen pocas instancias jurídicas en el campo de los derechos humanos que puedan ser utilizadas por cortes importantes. Debe generarse la eficacia simbólica de la Justicia y crear categorías de genocidio. Crear nuevas formas de blindaje, de autodefensa. Nuevas formas de sensibilidad ética que tomen en cuenta las modalidades operativas de destrucción sobre el cuerpo de la mujer, que son diferentes de los llamados crímenes comunes. Hay un gran genocidio de género. En este período particular, los pueblos del mundo deberían exigir que se realicen investigaciones y se juzgue a quienes planifican hacer la guerra en el cuerpo de las mujeres.

    jueves, abril 02, 2009

    Contra las mujeres.... por ser mujeres!


    Entrevista imaginaria con Marcela Lagarde sobre el feminicidio

    POR: MARIA MERCEDES TELLO

    30-03-2009

    Ver imagen en tamaño completo(Todas y Todos) Todas y Todos ha realizado una entrevista imaginaria con la etnóloga y antropóloga feminista Marcela Lagarde, quien desde la presidencia de la Comisión Especial de Seguimiento a los Feminicidios, de la Cámara de Diputados, promovió la investigación sobre feminicidios en Ciudad Juárez, logrando extenderla a todo México. Hemos partido de un texto suyo titulado ¿Qué es Feminicidio? y de algunas de sus respuestas al diario Página/12 de Buenos Aires, buscando hacer más comprensible este término que poco a poco se ha ido introduciendo como categoría analítica en los casos de violencia contra las mujeres en Colombia.

    Todas y Todos: En primer lugar, ¿De dónde sacó usted el término feminicidio y explíquenos cómo se dice: feminicidio o femicide?

    Marcela Lagarde: La categoría feminicidio es parte del bagaje teórico feminista. Sus sintetizadoras son Diana Russell y Jill Radford. Su texto es Femicide. The politics of woman killing.

    La traducción de femicide es femicidio. Sin embargo, traduje femicide como feminicidio y así la he difundido. En castellano femicidio es una voz homóloga a homicidio y sólo significa asesinato de mujeres. Por eso para diferenciarlo preferí la voz feminicidio y denominar así al conjunto de hechos de lesa humanidad que contienen los crímenes y las desapariciones de mujeres.

    T y T: ¿De qué se trata cuando hablamos de Feminicidio?

    M L: El Feminicidio es una categoría analítica de la teoría política y consiste en enfrentar el problema como parte de la violencia de género contra las mujeres. Este es el primer supuesto epistemológico, teórico y político, y ubicarlo allí es abordar las causas del Feminicidio. El feminicidio es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres. En el feminicidio concurren en tiempo y espacio, daños contra mujeres realizados por conocidos y desconocidos, por violentos, violadores y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte cruel de algunas de las víctimas. No todos los crímenes son concertados o realizados por asesinos seriales: los hay seriales e individuales, algunos son cometidos por conocidos: parejas, parientes, novios, esposos, acompañantes, familiares, visitas, colegas y compañeros de trabajo; también son perpetrados por desconocidos y anónimos, y por grupos mafiosos de delincuentes ligados a modos de vida violentos y criminales.

    T y T: ¿Siempre el feminicidio implica muerte, asesinato de mujeres?

    M L: El Feminicidio no sólo comprende los asesinatos, sino que abarca el conjunto de hechos violentos contra las mujeres, muchas de las cuales son supervivientes de atentados violentos contra su entorno, sus bienes, contra ellas mismas; encontramos pues, supervivientes del feminicidio de las que se habla muy poco, casi diríamos que cuando se dice por ahí "casi la mató a golpes" tendríamos una superviviente del feminicidio, por lo tanto en el mundo hay millones de mujeres supervivientes. Pero las que vemos son las que fueron asesinadas, observamos la punta del iceberg cuando vemos a las asesinadas, lo que está abajo es lo que sostiene la violencia contra las mujeres.

    T y T: ¿Y qué tienen de común estos crímenes, en qué coinciden?

    M L: Todos tienen en común que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y deshechables. Y, desde luego, todos coinciden en su infinita crueldad y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres. Pero lo que tienen en común es que todos están asociados con violencia de género, que es lo que la gente da por descartado. La gente no se pregunta qué tiene que ver que sean mujeres las asesinadas. Y nosotros precisamente partimos de ese hecho: la mayor parte de las niñas y mujeres asesinadas comparten una situación de discriminación. Hay un mayor número de mujeres pobres asesinadas, pero eso no quiere decir que no haya mujeres de las clases altas acomodadas que hayan sido víctimas de homicidios de género: también las hay, por hombres de su misma clase o víctimas de secuestros para chantajearlas o sacarles dinero como hay casos en Guatemala y México. En México, sobre este aspecto se sabe poco porque hay un secreto policial en torno de los secuestros de personas adineradas.

    T y T: En una entrevista a Página/12, en el 2007, usted considera como feminicidio un secuestro, explíquenos porqué.

    M L: Porque las escogen por ser mujeres. Como víctimas, dicen los secuestradores, son más fácilmente reducibles a través de la fuerza y la violencia, presentan menos problemas durante el cautiverio que los hombres. Pero son un porcentaje mínimo.

    T y T: ¿En qué contextos se da el feminicidio?

    M L: Es preciso aclarar que hay feminicidio en condiciones de guerra y de paz. El feminicidio se conforma por el ambiente ideológico y social de machismo y misoginia, de violencia normalizada contra las mujeres, y por ausencias legales y de políticas de gobierno lo que genera condiciones de convivencia insegura para las mujeres, pone en riesgo la vida y favorece el conjunto de crímenes que exigimos esclarecer y eliminar.

    T y T: ¿Usted ha calificado el feminicidio como un crimen de Estado, en qué se basa para hacer esta afirmación?

    M L: Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en la casa, ni en los espacios de trabajo de tránsito o de esparcimiento. Más aún, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. Para que se de el feminicidio concurren de manera criminal, el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión de autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes. Por eso el feminicidio es un crimen de Estado.

    T y T: ¿Contribuyen al Feminicidio la tolerancia de la sociedad y la del Estado ante la violencia contra las mujeres?

    M L: Contribuyen al feminicidio el silencio social, la desatención, la idea de que hay problemas más urgentes, y la vergüenza y el enojo que no conminan a transformar las cosas sino a disminuir el hecho y demostrar que no son tantas "las muertas".

    María Mercedes Tello S.
    Programa Radial Todas y Todos
    Escuela de Estudios de Género
    Universidad Nacional de Colombia