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domingo, junio 20, 2010

Militante del partido de las mamás

¡Oh! Fabiola Lalinde, nuestra inspiradora, nuestra maestra, la mujer que estuvo por más de quince años buscando a su hijo desaparecido. La inspiradora de la Operación sirirí, sin desistir, siempre atenta, siempre en la búsqueda, siempre paciente, siempre allí. Para mí fue un gusto conocerte en Bogotá en el encuentro de Iniciativa de Mujeres por la Paz en el año 2003.

Militante del partido de las mamás


Veinticinco años recorriendo los caminos de la noche y de la niebla en la búsqueda de los desaparecidos, es una experiencia que no se adquiere ni en la mejor universidad del mundo.

A raíz de mi trabajo permanente con familias afectadas y víctimas del conflicto armado que padecemos los colombianos desde hace más de sesenta años, pude constatar que somos las mujeres en general y las madres en particular, quienes en la práctica llevamos la peor parte y las más afectadas por todas las formas de violencia que han ido surgiendo paralelas al conflicto interno.De un día para otro y sin previo aviso, nos convertimos en papá, mamá, amas de casa, empleadas en un trabajo u ocupación remunerada. Investigadoras y, además, dedicarle tiempo a la búsqueda del hijo, del hermano, del padre o del esposo, en el caso concreto, tanto de los hombres como mujeres desaparecidas o víctimas de ejecuciones extrajudiciales. Definitivamente, los hijos son el motor que mueve nuestra existencia, nos llevan a realizar proezas jamás imaginadas. Son nuestra fortaleza espiritual y moral que nos mantiene en pie de lucha por la defensa de sus vidas y de sus derechos. En este transitar, además, conocí de cerca el drama de las madres y familias de los secuestrados: soldados y civiles; de los asesinados en masacres y de los discapacitados por las minas. Sumadas las innumerables fosas comunes con miles de restos humanos sin identificar y el drama de los desplazados que deambulan por las grandes ciudades. Todos, víctimas de los diferentes actores armados: guerrilla, paramilitares, autodefensas, narcotraficantes y, como si fuera poco, se suman miembros del ejército y de otros organismos del Estado responsables de ejecuciones extrajudiciales y otras violaciones de los derechos fundamentales. Por todos los motivos expuestos me declaré del Partido de las Mamás. Duelen profundamente todas las madres y todos los hijos del mundo, víctimas de la barbarie y el exterminio que vienen realizando los señores de la guerra contra los de su misma especie: La especie humana. La deshumanización más aberrante o, más grave aún, el principio del fin de la especie. Como lo he manifestado en otros espacios, estoy convencida de que este mundo no se ha derrumbado porque lo sostiene la débil humanidad de las mujeres.

Fabiola Lalinde, Mayo de 2010.

Madre de Luis Fernando Lalinde, joven detenido y desaparecido por las fuerza pública hace 25 años.

http://www.infogenero.net/sitio/index.php?option=com_content&view=article&id=22:militante-del-partido-de-las-mamas&catid=1:ultimas-noticias

viernes, julio 10, 2009

La operación sirirí

Por Fabiola Lalinde, por todas las mujeres que buscan a sus amados muertos.
Abrazos,
Ana María

Jul 2009 - Rodrigo Uprimny

La operación sirirí

Por: Rodrigo Uprimny
CASI TODOS LOS COLOMBIANOS COnocen la 'Operación Jaque'. Pero muy pocos saben que desde hace 25 años se desarrolla en nuestro país una operación discreta pero que ha requerido coraje, constancia y dignidad enormes: la "operación sirirí".
Esta operación nació en 1984, más precisamente el 4 de octubre de 1984, cuando la señora Fabiola Lalinde empezó a buscar a su hijo, Luis Fernando, quien había desaparecido el día anterior.
Durante los días, las semanas y los meses siguientes, Fabiola buscó. Recibió apoyos valiosos, en especial de sus hijos, del presidente del Comité Permanente de Derechos Humanos de Antioquia, Héctor Abad Gómez, y del juez de instrucción criminal, Bernardo Jaramillo Uribe, que investigó inicialmente el caso en forma diligente y valerosa. Se logró así establecer que Luis Fernando había sido detenido por una patrulla militar.
Fabiola preguntó entonces a las autoridades militares, con decencia pero con firmeza y reiteración, qué había pasado con su hijo. Pero no obtuvo muchas respuestas; o más precisamente, la respuesta fue en general hostil.
Pero Fabiola no se amilanó. Tampoco desfalleció cuando Héctor Abad y el juez Jaramillo fueron asesinados en 1987 y 1989, respectivamente. Continuó durante años con su esfuerzo constante, firme y pacífico, por recuperar a su hijo desaparecido. Y por ello, con el humor y la agudeza que la caracterizan, Fabiola decidió bautizar esa búsqueda como la "operación sirirí".
Según nos explicaba, el sirirí es un ave pequeña, que persigue a los gavilanes que se llevan sus pollitos; el sirirí es tan insistente en su persecución, que muchas veces el gavilán suelta a los pichones. El sirirí ha sido entonces para Fabiola el símbolo de esa lucha constante de una madre por recuperar al hijo que le fue arrebatado.
Su insistencia, y el apoyo de su familia y de organizaciones de Derechos Humanos, nacionales e internacionales, y de algunos funcionarios dignos, lograron que la verdad saliera a la luz. Como lo constató la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que condenó a Colombia por este caso, Luis Fernando Lalinde fue torturado por la patrulla militar que lo detuvo, y luego fue ejecutado y enterrado como guerrillero abatido en combate. Los mal llamados "falsos positivos" no son tan recientes.
Once años después de su desaparición, sus restos, luego de ser encontrados e identificados, fueron entregados a su familia; Fabiola pudo finalmente inhumar a su hijo en noviembre 1996. Los 4.428 días de búsqueda habían terminado. Pero no por ello Fabiola descansó.
A pesar de las evidencias protuberantes contra los militares que asesinaron a Luis Fernando, el caso sigue en la impunidad total. Fabiola y su familia luchan entonces para que haya justicia. Y también acompañan a otras familias de secuestrados y desaparecidos pues saben la importancia de la solidaridad en estos casos. Su hija, Adriana, quien es artista, ha creado hermosas esculturas que expresan la importancia de esos vínculos.
Tuve la oportunidad de conocer a Fabiola y Adriana hace muchos años y tengo claro que son personas admirables y especiales. Su dolor y su resistencia son únicos e irrepetibles. Pero en cierta medida su caso también simboliza el dolor y la lucha de muchas otras personas, que han debido enfrentar el drama de que sus familiares sean secuestrados, asesinados o desaparecidos. Por ello, en homenaje a estas víctimas y a estas luchas dignas, deberíamos pensar en una suerte de operación sirirí generalizada frente a todos los atropellos que persisten en Colombia.
* Director del Centro de Estudios de Derecho Justicia y Sociedad, DeJuSticia (www.dejusticia. org ) y profesor de la Universidad Nacional.
  • Rodrigo Uprimny