Jueves, 07 de Mayo de 2009 / 10:35 h
http://www.diariocolatino.com/es/20090507/internacionales/66562/
TeleSUR
Las autoridades colombianas capturaron a siete militares del Ejército por ser acusados de haber asesinado a un menor de edad en la ciudad Medellín (norte), en el marco del escándalo por los llamados "falsos positivos", o ejecuciones extraoficiales por parte de la fuerza pública.
A estos siete militares, adscritos a la IV Brigada del Ejército, se les investiga por el asesinato de un menor de edad, acusado de pertenecer a una banda delincuencial, y a quien las tropas reportaron como caído en combate el 11 de abril de 2005, en el sector San Javier, al oeste de Medellín.
Luego la Fiscalía establecería que el joven, quien en el momento de su muerte iba a bordo de su bicicleta, fue retenido ilegalmente por los militares y conducido desde el barrio Manrique, al este de Medellín, hasta el lugar donde ocurrió el crimen.
El caso de los "falsos positivos", personas civiles asesinadas por la fuerza pública para luego hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate, mostrar resultados ante sus superiores y obtener beneficios, ha causado revuelo en el país suramericano, sumido en guerra civil desde hace 50 años.
Tan sólo esta semana, tres uniformados de alto rango han sido capturados por su presunta implicación en hechos de esta naturaleza.
Según el bogotano diario El Tiempo, entre estos altos mandos que ya se encuentran en manos de la justicia está el coronel José Gabriel Castrillón García, del Estado Mayor de la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova.
Castrillón García se entregó a las autoridades en Bogotá el miércoles e inmediatamente comenzó a rendir indagatoria por el asesinato de cuatro jóvenes el 12 de febrero de 2004 y presentados posteriormente como guerrilleros.
Para el momento de la masacre, Castrillón era el comandante del Batallón Vélez, adscrito a la Brigada XVII. Tropas bajo su mando realizaron el operativo en la vereda Arizal, en Unguía, zona rural de Acandí, en el sureño departamento Chocó.
Los subordinados de Castrillón reportaron además de las supuestas bajas la incautación de tres fusiles AK-47, un mortero y un radio de comunicaciones.
No obstante la versión de las familias de las víctimas (Alberto Mario Arias Manjarrez, Luis Armando Campo Mercado, Edwin Enrique Arias Chávez y José Ulises Pérez Pérez), no concordaba con el reporte de los oficiales.
Los parientes le dijeron a la Fiscalía que los muchachos fueron contratados días antes para trabajar en una finca bananera.
El coronel Castrillón es sólo uno de 12 militares investigados por la muerte de los cuatro jóvenes. Hay otros 11 de sus uniformados que tienen orden de captura y son buscados por la Fiscalía.
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miércoles, mayo 13, 2009
ONU rechaza atentado contra testigo de falso positivo en Cali
eltiempo.com / colombia / occidente
http://www.eltiempo.com/colombia/occidente/onu-rechaza-atentado-contra-testigo-de-falso-positivo-en-cali_5179424-1
La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos calificó como grave el atentado contra un testigo de lo que sería un falso positivo.
Herido testigo de 'falso positivo' del Ejército en Cali
También la Defensoría del Pueblo cuestionó la falta de protección a José Wilson Giraldo, herido a bala el domingo. Sus allegados denunciaron que días antes, el 28 de abril, uniformados a nombre del Ejército llegaron a su domicilio a realizar preguntas.
Giraldo es hermano de Orlando Giraldo, un agricultor que murió en un operativo del Ejército el 11 de marzo del 2006 y presentado como un guerrillero que habría atacado a una patrulla en Golondrinas.
La semana pasada se abrió el juicio contra Luis Eduardo Mahecha, quien era sargento en la patrulla. El Alto Comisionado, que le ha hecho seguimiento al caso por hallarse elementos que dejarían ver una ejecución extrajudicial, exhortó al Estado a desarrollar una pronta y eficaz investigación. Y a proteger a los Giraldo.
Martha, hija del campesino muerto y sobrina del herido, dice que "es claro de donde vienen los disparos". Al defensor Andrés Santamaría le preocupa que "no se hayan realizado los debidos estudios de seguridad y nivel de riesgo".
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Encausan a militares por asesinato de una joven en Colombia
http://spanish.china.org.cn/international/txt/2009-05/13/content_17769039.htm
La Fiscalía de Colombia abrió proceso hoy contra cinco militares por el asesinato de una menor de edad, a la que sacaron de su vivienda en una aldea del noroccidente del país, y a quien días después presentaron como una rebelde muerta en combate.
Un oficial, un suboficial y tres soldados profesionales fueron acusados este martes por la Fiscalía como presuntos responsables del homicidio de la joven de 16 años, originaria del municipio de Granada, departamento del Meta.
El ente investigador del Estado colombiano inició las pesquisas luego de que, en septiembre del 2003, en el caserío La Linda, miembros de la Cuarta Brigada del Ejército sacaran a Luz Stelli Morales de la casa de una hermana, momento desde el cual sus familiares no tuvieron información de su paradero.
La joven mujer fue reportada luego en el vecino municipio de San Carlos como una guerrillera abatida en un enfrentamiento.
Los implicados en este nuevo caso de "falsos positivos" (falsos guerrilleros dados de baja por el ejército en supuestos combates) son el teniente Edwin Leonardo Toro, el cabo César Andrés Daza y los soldados Francisco Javier Vanegas, Darwin Alejandro Echavarría y Herlindo Antonio Bravo.
En un informe difundido este martes, la Fiscalía acusó a los militares "por los delitos de secuestro simple, tortura agravada y homicidio agravado".
A partir de ahora, los implicados tendrán que comparecer ante la justicia ordinaria para explicar las razones que los vinculan con esa investigación.
Durante el último año, varios militares han sido acusados de desaparecer civiles y de presentarlos como rebeldes muertos en combate,en hechos denominados por la prensa local como "falsos positivos". Fin
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jueves, marzo 12, 2009
Repudiamos asesinato de Álvaro Miguel Rivera Linares, defensor de Derechos Humanos.
De: Corporacin de investigacin y accin social y econ <ciase.org@gmail.com> |
sábado, noviembre 01, 2008
Soplándose el rabo
Por: Alfredo Molano Bravo
1 noviembre 2008 -
Por: Elespectador.com
EL TAMAL QUE SE HA VENIDO DESTApando tiene proporciones gigantescas y, como les pasa a los extranjeros, el Gobierno no sabe qué hacer con las hojas. A los 11 muchachos de Soacha —desaparecidos, enterrados en Ocaña y reportados muertos en combate con el Ejército Nacional— se suman día a día nuevos y aterradores casos en todas las regiones del país. El más cruel: un cinturón de muerte que va del Catatumbo al Magdalena Medio, pasa —¡cómo no!— por Antioquia y remata en Chocó. Las cifras son contradictorias e incompletas, y en muchos casos las categorías se confunden. La Fiscalía denuncia que las investigaciones relacionadas con falsos positivos han pasado en un año de 103 pesquisas sobre ejecuciones extrajudiciales a 690, y éstas con 763 vinculados y 1.137 víctimas. La Procuraduría investiga 111 casos de falsos positivos. Según la ONG Coordinación Colombia, Europa y Estados Unidos, ha habido 535 ejecuciones atribuidas a las Fuerzas Armadas y de Policía entre enero de 2007 y julio de 2008. Iguarán le pide al Gobierno que revise la Directiva ministerial 029 de 2005, que autoriza pagar como recompensa 3 millones 800 mil pesos por "abatimiento". En plata blanca, la lógica social de la guerra durante la Seguridad Democrática se revela en que mientras el secuestro disminuye, las desapariciones forzadas, las ejecuciones fuera de combate y los falsos positivos aumentan. Sólo en el presente año han sido asesinados 40 sindicalistas. Más al fondo: la lógica perversa daría cuenta de que la confianza inversionista aumenta en la medida en que aumentan los falsos positivos. ¿Cuántos colombianos asesinados cuesta cada dólar invertido en el país? Cabe otro interrogante brutal: ¿La relativa y parcial desmovilización de paramilitares podría estar obligando a "instancias" de la Fuerza Pública –expresión de Uribe– a hacer de nuevo la guerra sucia directamente? ¿No equivale a confesar que los heroicos resultados obtenidos por el Ejército Nacional están contaminados y que sin el apoyo de "instancias" sucias no sería posible tanto laurel? Parecería como si la donbernabilidad —original concepto de la politología popular— fuera la fórmula secreta de la tan mentada institucionalidad.¿De dónde le sale a Uribe, ahora, después de las cuarenta, este "leve giro hacia la izquierda", como lo pregunta Hommes? Hay pistas, digo yo: la más clara, la probable y muy deseable victoria de Obama. La elección de un mulato como presidente de EE. UU. podría llegar a tener la misma importancia para la democracia que la caída del muro de Berlín. En Colombia, la obamabilidad debilitaría la guerra al punto de abrir una opción a la negociación política por el simple hecho de condicionar la ayuda militar gringa al respeto de los Derechos Humanos.La presión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de Amnistía Internacional, de Human Rights Watch, de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, de la Comisión Colombiana de Juristas, del Colectivo de Abogados Alvear Restrepo, y la posible intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra y del Congreso de Estados Unidos, son los verdaderos héroes de la jornada. Al fin y al cabo, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas y de Policía es el Presidente de la República; y él, más que nadie, sabe lo que le viene pierna arriba si no se desparcha de la nefastas instancias. Después de oír el informe de Félix de Bedout, se podría concluir que los militares untados dirán que obedecían una directiva firmada por Camilo Ospina y este ex funcionario sería el paganini del tropel. Uribe se desmontaría por las orejas. Y todo bien.Habrá que ver si soplando se apaga la paja, o se atiza la candela.
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Fallas, lunares, orejas
Por: Héctor Abad Faciolince
1 noviembre 2008 - 10:00pm
de: Elespectador.com
LAS PALABRAS QUE ESCOGEMOS PARA hablar sobre cualquier asunto no son neutras ni son siempre inocentes. Al usar una expresión en vez de otra, lo que estamos revelando es una actitud mental, bien sea de censura, de complacencia, o bien, como en el caso que voy a analizar, un intento por disminuir y casi minimizar la gravedad de los hechos. La revista Semana, en su edición virtual, señala que el presidente Uribe les dio "otro jalón de orejas a los militares". El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, habló de "lunares" que no manchan por entero a la institución militar. Y el ministro de Justicia, Fabio Valencia Cossio, declaró que hubo "fallas cometidas por algunos miembros de la Fuerza Pública". "Fallas, jalón de orejas, lunares", esas son las expresiones que se usan. Tengan en cuenta que, en los tres casos, estamos hablando de crímenes atroces, es decir, de la desaparición, y posterior asesinato, de algunos jóvenes inocentes de Soacha y otras poblaciones o barrios pobres del país. Pero el lenguaje que emplean para comentar el castigo a semejantes crímenes, es el mismo que usaríamos para reprender, casi con simpatía, la indisciplina o las picardías de un grupo de niños en la escuela: jalarle las orejas por sus fallas a uno de los lunares de la clase.Naturalmente la purga de 27 oficiales y suboficiales es mucho más que un "jalón de orejas", es una echada del colegio. Pero aunque la medida le dé una buena señal al Ejército, es insuficiente. Ante todo, no sabemos si todos los oficiales destituidos están implicados en esta masacre de jóvenes, o si entre ellos se aprovecha la ocasión para sacar oficiales por otros motivos inconfesables; se debería decir con claridad cuáles de estos militares, y en qué medida, están involucrados en el plan macabro (estilo neo-nazi) de "limpiar" los barrios de drogadictos, homosexuales, retrasados mentales o simples inconformes, mediante la carambola a dos bandas de engañarlos, alejarlos del sitio, y luego presentarlos como subversivos muertos en combate. Esto es atroz y no se resuelve con una simple destitución de militares. Habría que revelar la verdad completa de los llamados "falsos positivos" (otro eufemismo del lenguaje para no hablar de terrorismo estatal), pedirle perdón a todo el país, y reparar a las víctimas (y cuanto antes, no dentro de quince años cuando lo ordene la Comisión de Derechos Humanos de la OEA). Está bien que Uribe, al fin, les hable duro a los militares, la institución más mimada y mejor financiada durante sus dos gobiernos, y que destituya a unos cuantos. Pero debería al mismo tiempo, como señalaba Rodrigo Uprimny en estas mismas páginas, comprometerse también con el apoyo al proyecto de ley que busca dar reparación a las víctimas de los agentes del Estado. Es imperdonable que el Gobierno se oponga a una medida que es obvia en un país donde muchas veces ha sido el Ejército (en alianza con los grupos paramilitares, o con los narcos) el que ha cometido actos de una sevicia inaceptable contra la población civil. Cuando salieron a relucir los falsos positivos de Soacha, el Gobierno quiso tapar el escándalo inflando en los medios el crimen de un niño secuestrado y asesinado por su padre. Antes, cuando el Polo citó al ministro Santos para un debate sobre el premio a los militares por matar falsos subversivos, hace años, se dijo que esas denuncias no eran más que calumnias de la oposición. Ahora resulta que no lo eran; las calumnias acabaron siendo verdades, y los falsos positivos deberían tener otro nombre: crímenes atroces más que homicidios simples. Ahora todos los ciudadanos tendremos que responder, con los impuestos, para pagar millonarias y justas indemnizaciones a las víctimas. Ojalá los militares implicados participen también con su patrimonio. Y ojalá estas destituciones no se queden en mera propaganda, "jalones de orejas, fallas menores y pequeños lunares" de una institución intocable y ejemplar.
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